EFE | LONDRES

Una marea de aficionados del Bayern de Munich y el Borussia Dortmund tomó los alrededores del estadio de Wembley antes del comienzo de la primera Final alemana de la historia de la Liga de Campeones.

Un amplio dispositivo policial, conformado por agentes a pie y a caballo apoyados por furgones, custodiaba el paseo, atestado no solo de aficionados alemanes, sino de decenas de curiosos de otros países y personas deseosas de conseguir una entrada.

Pese a que a pie de estadio la reventa alcanzaba las 600 libras (700 euros), muchos de ellos sujetaban carteles en los que se podía leer ';Suche ticket'; (Busco entrada, en alemán), con la esperanza de poder conseguir un asiento para la ansiada Final.

La emoción que se respiraba fuera del estadio se transformó en euforia y en cánticos ensordecedores en su interior, cuyas gradas se dividían en dos polos color amarillo y rojo que animaron durante el entrenamiento de los jugadores como si el árbitro hubiera pitado el comienzo del duelo.