Futbol Nacional

Capo

Mar, 2012-07-10 18:10

1) Didier Deschamps. Capo

Serás el tercer seleccionador francés en menos de dos años, una cantidad absurda de modificaciones si hablamos de una selección que posee renombre y ciertas historias de éxito, sobre todo, a finales de los 90 y principio de los 2000.

Se sabe que el francés es contestatario por naturaleza, le gusta pronunciarse, se rebela, expone su sentir y pensar sin el menor empacho, y está lidiando con una multiculturalidad que ha permeado el vestidor galo. Esta incapacidad de caminar en el mismo sentido ha hecho que cada vez que se juntan, la selección francesa sea un volátil polvorín, situación que parecía que habías controlado tú, Laurent Blanc; si bien lo único que se te pudo cuestionar fue la postura medrosa ante España en Cuartos de Final, pero 23 partidos oficiales sin perder merecían un mejor y más digno final, aunque también es verdad que en la pasada Euro las miserias de este conglomerado volvieron a evidenciarse sin reparo.

Didier, tu grandeza y mérito como jugador fue indiscutible, fuiste figura con Nantes, Marsella, Bordeaux, Juventus, Chelsea y Valencia, y con tu selección nada más fuiste el capitán de dos monumentales logros como la Copa del Mundo en Francia 1998 y la Eurocopa del 2000. Como entrenador también has hecho con bien tus labores: con tu amado Mónaco llegaste a la Final de la Champions y ganaste la Copa de la Liga; con la Juventus circundaste con bien el pantano de la Serie B y la ganaste, ascendiendo después de ser mandados al averno por amaño de partidos, renunciando al final de la temporada por desavenencias con tus jefes italianos; y por último, con el Marsella ganaste la Liga 1, y en tres ocasiones la Copa de la Liga. Sin duda, eres válido para cualquier andanza; tu liderazgo y bravura serán medulares para guiar a un grupo de futbolistas que están extraviados en un egoísmo sin límites.

Penosamente, la diferencia de ideologías, sitios de procedencia, costumbres y hasta diversas religiones, lleva años pudriendo un santuario como es el vestuario francés, y no se percibe por dónde puedan revertir tan dantesco derrotero. Una vez más los dirigentes franceses apelan a uno de sus más recalcitrantes y luminosos caudillos como lo eres tú, Didier, entendiendo que otro cabecilla de condiciones similares como tú, Laurent, fracasó en el intento de recomponer la amarga historia reciente.

2) Guadalajara. Paciencia

La simpleza con la que en ocasiones enjuiciamos nos lleva señalar situaciones que por un mínimo natural de tiempo deberíamos esperar para saber su realidad y fondo, tal es el caso del club Guadalajara y su nuevo formato y concepción del juego.

Ante Monarcas, su exhibición fue sombría y ya se hablaba de lo largo y hasta doloroso que sería el semestre para los rojiblancos. Días después, ante Pumas exhiben mejoras sustanciales y se menciona que el novedoso sistema holandés va en tiempo y forma a lo planeado. En lo particular no me creo ni lo primero ni lo segundo; sin duda, existe una arriesgada y plausible apuesta por la aventura al haberte contratado, John Van’t Schip.

Tener la osadía de hacer cosas distintas siempre debería reconocerse; estoy cierto que nuevos preceptos de juego, una diferente metodología de trabajo y una opuesta forma de pensar le harán bien a los jugadores del Guadalajara. Por obvias razones tardarán cierto tiempo en implementar lo anterior, pero de que les va a sumar en lo individual y en lo colectivo, de eso no existe ni duda.

En ocasiones, nuestros más recónditos temores son al cambio, a lo desconocido, pero cuando lo abrazamos y nos dejamos ir, los resultados pueden ser sorprendentes, y con esto no quiero decir que el Guadalajara será campeón ni mucho menos; existen entidades que llevan años trabajando de forma seria que hoy están por encima, pero de que volverán a ser una institución que incomode, que genere y que compita con sólidos argumentos, de eso estoy completamente seguro.

3) Roger Federer. Deidad

Sin ser un especialista de esta fabulosa disciplina, el domingo por la mañana no me perdí un solo minuto ni un solo punto de tus brillantes maneras en Wimbledon, y dada mi cercanía a las redes sociales observé que varios miles estuvieron en las mismas condiciones. Volviste a embelesarnos el alma y la mente con tu pulcritud, elegancia y maestría.

Si bien en los primeros escarceos no anduviste tan fino, mientras caminaba el juego te fuiste desenvolviendo acorde a tus fantásticas y descomunales virtudes. Los especialistas estadounidenses mencionaron durante la transmisión varias veces tu enorme potestad de no conceder un punto cómodo para tu adversario, sea cual fuere la situación.

Al final del duelo, tu superioridad fue clara y contundente, nunca estuvo en riesgo tu ascenso de nuevo al número uno del mundo. Y mientras los ingleses, durante tu emotivo discurso, Andy Murray, festejaban de forma extraña su inhabilidad de ganar algo de resonancia, tu discurso, Roger, fue conciso, sobrio y respetuoso, así como tu legado. Debemos festejar ser partícipes de una era en la que un deportista de colosales capacidades como tú exhibe que en vez de existir equidad dados los adelantos en metodología del entrenamiento, nutrición, psicología deportiva y demás, sucede lo contrario, existen hombres milagrosos como tú que dominan el deporte y son tan magnos como el deporte que practican.