“Si buscan a un chivo expiatorio, que lo hagan en otro lado”. La voz de Emanuel Villa denota cierta ‘bronca’, pero el argentino conserva la mesura y el estilo frontal que lo caracterizan, mientras mi compañero Luis Salazar lo entrevista vía telefónica.
Este partido lo juega solo y su ‘rival’ ya lleva ventaja: multa y castigo. 2-0 a favor del Fair Play, de acuerdo con el argumento de la Comisión Disciplinaria.
Es el gol más caro de su vida; tuvo un costo ‘moral’ y otro económico: cinco mil 609 pesos por anotar con la mano frente al Atlante. Nunca antes lo reprendieron por hacer su trabajo.
Juicio y veredicto sin escucharlo, atendiendo al video, a que confesó la infracción “instintiva e involuntaria”, y a un reglamento que se usa u olvida a conveniencia.
Hay muchas voces que claman por un ‘futbol ideal’ en el que la trampa o viveza no tengan cabida.
Del lado opuesto, tal vez la minoría, coincide en que no se justifica una anotación ‘fuera de la ley’, pero existe la conciencia de que en una competencia a cualquier nivel, el verdadero ganador se alista para alcanzar el objetivo, y en su mente sólo está lograrlo.
Recreemos la ‘escena de la villanía’: Cruz Azul perdía 2-1 al minuto 85; Maranhao desborda por izquierda y saca un potente centro que el goleador intenta enviar al fondo del arco a como dé lugar.
Tito lo logra; esta vez no fue un virtuoso remate con la cabeza ni un potente disparo que rompió la red; esta vez se cruzó su mano izquierda, y ni hablar, a gritar la conquista. Se firmó el 2-2; ‘injusto’ para uno, valedero para el otro.
Dos días más tarde, la instancia que dicta sentencia en México decide exhibir a Emanuel bajo la premisa de que sentará un precedente y con ello intenta evitar la trampa en el balompié.
Tal parece que la Comisión Disciplinaria se metió en la mente del futbolista, leyó su ‘estrategia macabra’ y lo condenó por ‘tramposo’.
Villa, una y otra vez se ha defendido, al argumentar que la velocidad de la acción lo llevó a tener un acto reflejo que no tuvo tiempo de planear. ¿Trampa o instinto?
Tito es un goleador, no embustero, y los de ‘pantalón largo’ no repararon en ello.
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