Lucha Libre

28 años sin el Santo

Jue, 2012-02-02 13:57

Primera caída: Mi padre

Todos los días de esa semana lo visité, se sentía mal y el doctor le había diagnosticado hepatitis ‘D’, una de las menos graves.

Tenía inflamado su hígado, quizás por ingerir verduras o agua contaminada; aunque yo, en lo personal, creo que fue a causa del fuerte disgusto en relación con lo acontecido el 26 de enero; cuando mostró parte de su rostro en el programa Contrapunto, y por la noche, en el Noticiero 24 Horas, Jacobo Zabludovsky anunció que El Santo se había despojado de su máscara, lo cual desconcertó a mi padre, quien llamó de inmediato al noticiero y aclaró, vía telefónica, la situación, quedándose un poco más tranquilo.

Sin embargo, tenía varios días decaído y aún muy molesto por la noticia que, sin duda, afectó su salud. Tenía que estar en reposo al menos la mayor parte del día; cuando lo saludé, le tomé su mano y la tenía caliente; toqué su frente y me dijo que tenía algo de fi ebre y que se sentía cansado.

Era un jueves 2 de febrero (curiosamente, un día como hoy), pero de 1984.

Estuvimos platicando sobre la universidad y mis diferentes compromisos luchísticos, y al escucharme, su rostro expresaba una sonrisa de satisfacción.

Tan sólo con decirme ¡te felicito, mano! , yo me sentía con mucha fuerza y sabía que se sentía orgulloso de mí. Platicamos hasta cerca de las cinco de la tarde; sabía que se iba a ir a trabajar, pues aun estando enfermo, cumpliría sus compromisos en el Teatro Blanquita.

Me despedí de él y prometí visitarlo al día siguiente.

Segunda caída: Nuestra despedida

El viernes 3 de febrero volví a visitarlo, lo encontré nuevamente en su cama y, en esa ocasión, su mirada era más cristalina; no se veía triste y supuse que era cansancio, porque estaba de muy buen humor.

Esa tarde, yo viajaría a Acapulco y me fui a despedir de él; me saludó con mucho cariño y me preguntó qué día lucharía; le contesté que el domingo, y entonces me cuestionó por qué me iba tantos días; así que le expliqué que me iría únicamente tres días y que quería tomar sol el sábado por la mañana, y por la noche asistiría a los 15 años de la hija del promotor José Valdez; se quedó satisfecho con mi respuesta.

Mi padre ese día estuvo bromeando conmigo; después, en tono más serio, me tomó del hombro y me empezó a dar muchas recomendaciones en relación con mi trabajo.

El mayor consejo que me dio fue referente a mi profesionalismo y al respeto que debía tener hacia el público.

También hablamos de mis compañeros, de los promotores, de mi futuro, y hasta ese momento tomé sus comentarios como los buenos consejos de un padre; después sentí que estaba exagerando al decirme que tuviera cuidado en mi viaje, que no tomara alcohol, que no fumara y que tuviera cuidado si me metía al mar; y entonces yo, ya un poco inquieto por irme al aeropuerto, le contesté que no se preocupara.

Me dio la bendición y yo se la di a él; besé su frente y tomó mi mano con fuerza, diciéndome ‘‘¡Cuídate hijo!’’

Tercera caída: Su muerte

Llegué a Acapulco por la noche del viernes, me hospedé y me fui a cenar a mi lugar preferido.

El sábado por la mañana me fui a la playa, tal como lo había planeado; en la tarde, a comer, y por la noche, a la fiesta con familiares y amigos de la familia Valdez Jara; la pasamos muy bien. La Arena Zapata lucía repleta de aficionados, había un gran ambiente y llegó la hora de subir al ring.

El Centauro, Aristóteles y yo dimos una gran lucha, derrotando en tres emocionantes caídas a Mario Valenzuela, Aristos e Histrión.

Bajé de luchar y los comentarios de los promotores sobre la lucha eran muy positivos; sin embargo, yo no me había sentido bien, créanme que sentía como si no hubiera estado ahí; lo recuerdo como si estuviera entre nubes, los gritos de la gente muy lejanos.

Sentí una enorme necesidad de ir a mi hotel, me sentía sumamente inquieto y no quise ir a cenar con la familia Valdez, como siempre lo hacía; quería estar solo y no sabía por qué.

Salí a caminar sobre la costera; eran aproximadamente las 10 de la noche y sentía un inexplicable sentimiento de nostalgia.

Regresé dispuesto a dormir, pero me encontré con varias llamadas en la recepción de mi hotel: que era urgente que me comunicara a México, porque mi padre estaba grave. Minutos después llegó don José Valdez con la
misma noticia, y preparado con un auto y un chofer para que me trasladara a México.

Yo no sabía que a las 21:40 horas, un infarto masivo al miocardio le había arrebatado la vida a mi padre.

La noticia se dio a conocer en todos los medios de comunicación, pero yo no me enteré porque cuando llegué a bañarme, ni siquiera prendí el televisor.

Ya en la vieja carretera, veía con atención el cielo estrellado y recordaba nuestro último encuentro; después de seis horas de viaje recibí la noticia.

Eran las 07:30 horas del lunes 6 de febrero cuando llegué a la agencia funeraria de Sullivan y ahí su cuerpo me estaba esperando, como siempre, muy guapo y elegante con traje y su inseparable máscara plateada.

Su semblante tranquilo me decía que su espíritu ya estaba en el cielo, al lado de mi madre.

Lo que pasó después, lo recuerdo como flashazos de luz; eran gritos, vivas, porras y el tradicional ”¡Santo, Santo, Santo!” de una multitud que lo despedía y se empujaba para poder ver cómo se introducía en la gaveta del mausoleo el ataúd de su ídolo; eran las 12 con 59 minutos y uno de los días más tristes de mi vida.

Ese viernes 3 de febrero en que me despedía de ti, sólo por un fi n de semana, tú te despedías de mí para siempre… pero yo no lo sabía.

El próximo domingo se cumplen 28 largos años de no tenerte a mi lado.

Te amo, papá. Este próximo domingo 5 de febrero, los espero a las 12 del día en el templo de Santo Domingo, donde se oficiará una misa en memoria de nuestro inolvidable Santo, El Enmascarado de Plata, quien hasta el día de hoy nos sigue deleitando con sus películas.

Después, queridos amigos de RÉCORD, los invito a visitar la exposición que está en el Centro Cultural del México Contemporáneo, en Leandro Valle #20, a una cuadra del templo, donde podrán disfrutar de la exposición basada en el libro ‘‘Imágenes de El Santo”; la entrada es libre. Nos leemos la próxima semana, para que hablemos sin máscaras.

 

 

Bellezas del Ring

La chica del dia

Ericka es una Reina del Ring con alma rockera. Ella es parte de una banda de garage rock, estudio relaciones internacionales y es fan de Tim Burton.
Ella es una Reina del Ring brasileña, con su acento y la samba es capaz de conquistar a cualquiera. Además, le gusta el futbol y es fanática de Palmeiras.
 


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