Como si se tratara de una repetición de lo acontecido en Arizona, hace cuatro años, Eli Manning volvió a convertirse en el jugador clave para los Gigantes de Nueva York; y con una larga ofensiva en los últimos minutos, le sacó de vuelta el triunfo a los Patriotas de Nueva Inglaterra.
Está claro que Tom Brady tuvo en sus manos la oportunidad de sellar la victoria para su equipo. En la penúltima ofensiva del encuentro, dos veces falló por escaso margen de pases que le habrían dado a su escuadra un primero y diez crucial. Tanto Wes Welker como Deion Branch pudieron haberse quedado con dichos envíos, pero es incuestionable que Brady volvió a fallar a la hora buena. Todavía tuvo el balón de regreso en sus manos con menos de un minuto y con la necesidad de anotar de seis; pero tal como ocurrió en el Súper Tazón XLII, la defensa de Gigantes volvió a imponerse, evitando así un dramático regreso del equipo de Bill Belichick.
Aunque este detalle resulte intrascendente a la luz de los hechos, no deja de ser importante señalar la decisión que tomó Belichick en la última jugada ofensiva de Nueva York. Sabiendo que era inevitable que los Gigantes anotaran y tomaran la ventaja, decidió pedirle a su defensiva que abriera las puertas para una anotación de seis de Ahmad Bradshaw.
Aunque el corredor de Gigantes se percató de lo anterior y trató de detener su camino, antes de ingresar a la zona de anotación, la jugada terminó con seis puntos para Gigantes, pero con la posibilidad de que Patriotas tuviera una última oportunidad a la ofensiva.
Puedo afirmar que en ese momento crucial del partido, Belichick le ganó la partida a Coughlin, pero su ofensiva simplemente no le respondió.
Con esta derrota ya son siete años desde la última vez que Nueva Inglaterra ganó un Súper Tazón; y aunque el legado de Patriotas sigue siendo muy importante en la historia de la Liga, el palmarés de esta escuadra sería mucho más brillante, de no ser por Eli Manning y los Gigantes.
Por otra parte, el triunfo de anoche les dio, tanto a Manning como a Coughlin, la certeza de que algún día, ambos serán integrantes del Salón de la Fama.
Finalmente, vuelve a quedar de manifiesto que hoy, más que nunca, en la NFL lo importante no es ser el mejor equipo durante la campaña regular, sino ser la escuadra que mejor juega en la parte final del calendario y en la Postemporada.