La muerte es una de las más grandes tragedias del hombre.
Cuando se presenta para llevarse a muchos, el dolor aumenta exponencialmente. En todos sus matices, la ausencia y la pérdida son increíblemente dolorosas, pero cuando se presentan en medio de un espectáculo y un contexto que tendría que ver con el esparcimiento y el enaltecimiento de los valores, adquieren un tinte todavía más oscuro y un sabor más amargo.
El fallecimiento de 74 personas y los 188 heridos que dejó atrás el feroz enfrentamiento esta semana en el estadio del Al Masry entre afi cionados del combinado local y el poderoso Al Ahly me dejó sin palabras.
Vaya forma de festejar para el Al Masry, que desde hace 20 años no había podido vencer a la escuadra de El Cairo.
Los periodistas nos dedicamos a recapitular las grandes tragedias en la historia del futbol como la del túnel 12, en Argentina, o en Heysel, Bélgica.
Quien no recuerda la historia se encuentra destinado a repetirla, dice un antiguo proverbio inglés.
Sin embargo, como toda fi losofía popular, siempre hay una arista que se encuentra escondida entre líneas y, en la mayoría de los casos, sólo se alcanza a ver cuando ya es demasiado tarde.
Es importante recordar la historia, pero creo que más allá de desempolvar el baúl de los recuerdos cuando se presenta una situación de éstas, es fundamental tener presentes los hechos que han marcado nuestra historia día con día.
Ciertamente no podemos vivir en la eternal preocupación y amargura todos los días, pensando en que los hechos pasados podrían repetirse.
Sin embargo, no podemos tampoco dejar a un lado tan fácilmente acontecimientos que, aunque no lo parezca, marcan la conciencia colectiva.
Está claro que lo acontecido en Egipto no es solamente una rifulca entre aficionados que saltaron al terreno de juego.
Se trata de una situación con tintes políticos, de esos que tristemente son difíciles de aislar del deporte.
Tal parece que la primavera árabe arrastró algo mucho más profundo y fuerte que el polen, sobreviviendo al invierno, e incluso, ‘calentándose’ a bajas temperaturas.
¿Qué hacer? Por lo pronto, la Liga ha quedado suspendida y el primer ministro, Al Ganzuri, ha despedido a los dirigentes de la Federación Egipcia de Futbol.
Para algunos, esto sería razón suficiente para que la FIFA desafilie al futbol de aquel país.
En primera instancia creo que está claro que la Liga no podía seguir y de momento lo más importante es garantizar la integridad de la población.
Por otro lado, me parece que el problema debe abordarse desde otra perspectiva.
Está claro que la FIFA busca, en el papel, mantenerse lo más alejada posible de ideologías políticas y los problemas de esta índole que se presenten en cada país.
Entiendo que se busque que el futbol, y el deporte en general, sean independientes y autónomos.
Pero también hay muchas maneras de cumplir con estos factores sin tener que lavarse las manos, como en ocasiones y a su conveniencia lo ha hecho la máxima autoridad del futbol mundial.
El deporte debe enaltecer a quienes lo practican y lo presencian, y creo que a pesar de sonar muy idealista, habría que encontrar alguna manera de que todo ese dinero que entra a la FIFA encuentre, aunque sea en una mínima parte, un destino que ayude a países con esta clase de conflictos.
Claramente no se puede disputar un partido con un aforo importante, ya que ante la experiencia vivida pondría en riesgo a una gran cantidad de personas.
Sin embargo, debemos aprender del pasado y entender también las bondades que el futbol ha dado a muchos otros países. Tal y como lo cifra el fotógrafo Tim Hetherington en su proyecto ‘Healing Sport’, en el cual podemos ver que la llegada del futbol unió de nueva cuenta a una gran cantidad de rebeldes en Liberia o en Sierra Leona, en donde los integrantes del equipo habían perdido alguna extremidad.
Una iniciativa única y aislada del poder de la FIFA, pero que trajo consigo la esencia de una actividad que debe permanecer así: pura y enaltecedora.
Quiero agradecerles, queridos lectores, por su tiempo, comentarios y paciencia a lo largo de estos primeros meses en que he tenido la oportunidad de escribir para ustedes en este humilde espacio.
Lo continuaré haciendo desde otra tierra, en la que el futbol es más que un deporte y es una vision de la vida.
En donde espero se sigan gestando hermosas historias y algún día también la violencia se acabe y el balompié termine por ser de todos: Argentina. Gracias, y me despido con un abrazo de gol.