Más allá de sus legendarias actuaciones y sus espectaculares uniformes, una de las tantas razones por las que simpatizo y me considero un gran fan de Jorge Campos, tiene que ver con aquella silenciosa leyenda urbana que se cuenta entre algunos círculos de jugadores retirados, técnicos y periodistas, quienes comparten, en corto, lo difícil que fue para el ‘Brody’ adaptarse al futbol de Estados Unidos, cuando decidió fichar por Los Ángeles Galaxy.
Y no, no tiene nada que ver con lo futbolístico ni mucho menos.
Campos siempre fue un grande dentro del terreno de juego, pero su malestar en la MLS, me parece que lo coloca en una categoría a la que muy pocos ídolos se atreven a pertenecer; pues uno de los principales patrocinadores del Galaxy en aquel entonces, era una famosa cerveza cuyo logotipo aparecía en el uniforme del equipo.
Según relata la historia, Campos siempre se las ingeniaba para que dicho símbolo ‘desapareciera’ de su uniforme, pues personalmente sentía que traicionaba sus principios al salir a jugar anunciando una cerveza en su espalda, pues lo que menos quería, era que los niños que tanto lo seguían, lo relacionaran con alguna marca de alcohol, y pese a los millonarios ofrecimientos que le llegaron en su momento para ser la imagen de diferentes bebidas alcohólicas, Jorge Campos siempre se negó, pues ésa no era la imagen que quería dar a los niños, ni mucho menos la manera en la que le gustaba ganar dinero.
Al ver que en repetidas ocasiones el portero del Galaxy se quitaba el logotipo por el que tanto dinero estaban pagando, los ejecutivos de dicha cervecera se acercaron a la directiva del Galaxy, que a su vez trató de presionar al ‘Brody’ para que se dejara de “cosas superficiales” y respetara los contratos firmados por el club, sin que el arquero se doblara.
Al contrario, aguantó las presiones, las multas económicas y tras exponer su caso a diferentes niveles, la MLS terminó dándole la razón y no sólo eso, sino que llevaron el argumento de Jorge Campos ante el Congreso, donde se determinó prohibir a todos los equipos profesionales de Estados Unidos anunciar bebidas alcohólicas en sus uniformes.
Cuento esta historia al encontrarme con el Tequila de la Selección Mexicana de Futbol, una edición especial que saldrá a la venta (al menos en Estados Unidos) en las próximas semanas; y lejos de pretender darnos golpes de pecho ni mucho menos, lo hago en un afán de encontrar la lógica al asunto. En serio, ¿es buena idea relacionar la Selección con un tequila?
A mí me parece una gran muestra del humor de nuestra Federación, sobre todo si tomamos en cuenta los escándalos desatados por las constantes pachangas de los seleccionados. Sin embargo, al ver el producto, siento que les hace falta un buen lema para garantizar el éxito de su venta, algo así como “Adicionado con Clembuterol”, o “El secreto de Javier Aguirre: dos caballitos de este tequila, y verá al Bofo y al Guille jugar como verdaderos cracks”; ya de menos, un “Yamile lo recomienda”.
Hablando en serio, es penoso y vergonzoso que el ‘equipo de todos’ se preste de una manera tan absurda e innecesaria con bebidas alcohólicas, sobre todo cuando un gran número de sus seguidores son niños.
Y sí, muchos dirán que esto es una tontería, tal como decían con los casos de racismo en el futbol mexicano, cuando incluso señalaban a los jugadores afectados como si fueran unos chillones, pues según algunos especialistas: “lo que pasa en la cancha, se queda en la cancha”. Pues bien, la renuncia de Capello a cuatro meses de la Euro, nos dice otra cosa.