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Opinión

David Faitelson

David Faitelson es dueño de un estilo duro, pero frontal al momento de dar opiniones, que incluso le han traído choques con algunas figuras.

'Luna de miel'

2019-06-11 | David Faitelson
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La 'Luna de miel' entre Gerardo Martino y el futbol mexicano está en su apogeo inicial, pero cuatro juegos amistosos e incluso una mediocre Copa Oro de la Concacaf no significarían nada, en lo absoluto, para determinar que el proceso tendrá el éxito largamente añorado por los aficionados mexicanos al futbol.

Llegará el momento de medir y de establecer si Martino ha logrado llevar al futbol mexicano al 'siguiente nivel'. Por ahora, los síntomas, las sensaciones, las percepciones son buenas, pero no caigamos, por favor, en las típicas exageraciones de un futbol subdesarrollado que no ha ganado nada importante aún.

El Tata se ha dejado de inventos o de experimentos. Ha llamado a los mejores que tiene disponibles y los ha puesto a jugar en sus posiciones naturales. Ha intentado, en la medida de lo posible, de contar con un orden defensivo, de tratar de poseer el balón y a partir de ahí construir hacia el frente. “Es más importante para mí encontrar un estilo que ganar”, me dijo el entrenador argentino hace poco menos de un mes. “Pero la mejor forma de encontrar ese estilo es con base a la confianza que generan los resultados”.

Y en efecto, dentro de la necesidad comercial que tiene la Selección Mexicana, es muy fácil confundir los sentidos y perder de vista el objetivo central. Hoy veo por todas partes una necesidad impetuosa de festejar, de creer, de aplaudir e incluso de vengar y hasta lastimar todo lo que haya ocurrido en el pasado reciente de esta Selección. Lo de Osorio es visto como una 'desgracia' y lo de Martino como un 'triunfo', cuando en realidad no hemos llegado ni a los tiempos ni a los objetivos trazados para comenzar con los juicios.

Ganarle a Venezuela, a Ecuador o la semana que viene a Cuba —¡a Cuba!— no significa nada. Lo que hay que medir es la capacidad que podría ir encontrando la era de Martino en afianzarse a una forma de juego que, a la larga, le dé el método para acercarse y competirle a las grandes potencias del juego.

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Hasta ahora, no hemos descubierto nada extraordinario: Martino es un profesional, sumamente preparado, un hombre decente, que comunica con claridad y respeto. Le gusta al futbolista, le agrada al directivo —salvo cuando mencionó estar impresionado por la cantidad de compromisos comerciales que tiene la Selección—, le convence al periodista y le da lo que el aficionado siempre anhela: los resultados.

Al verdadero Martino lo conoceremos el día en que afronte su primera complicación o crisis, cuando se presente con la necesidad de competir o ganar en un nivel más exigente al que suele afrontar México en sus partidos amistosos o en su área geográfica de competencia. Ahí veremos si en realidad su llegada ha producido el resultado esperado.

El Tata está consciente de que se mete en un terreno delicado —por así llamarle—. Ganar la Copa Oro, cómo están los rivales de México, sobre todo Estados Unidos, no le significará en una muy importante recompensa. Perderla, en cambio, le atraería severas críticas, porque así es —o así somos en el futbol mexicano—. Importa el resultado del último juego y no el desarrollo y la madurez de un proceso.

Avanzar bajo un 'clima positivo' es importante. Los resultados, aunque no son esenciales cuando se logran ante rivales de poca jerarquía o monta, generan, insisto, una atmósfera saludable y una armonía entre todos los actores que conforman al futbol mexicano.

A veces, también confunden la realidad y distraen del verdadero objetivo que tiene una selección como la mexicana: crecer para cuando llegue ese partido ante Brasil, Francia, Alemania o España, tener más 'armas' para estar, al mismo tiempo, más cerca de ganar.

La única forma de lograrlo es trabajar, trabajar y seguir trabajando, hasta dominar una forma de juego, creer en ella y elevar el nivel individual y colectivo del equipo. Ganarle a Cuba, a Martinica o a Canadá, sirve, con todo respeto, para nada y otra vez para nada.