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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

Cruz Azul murió en la raya

2019-05-13 | Felipe Morales
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El América está en Semifinales como consecuencia de la espera. No es que haya ido al encuentro del partido, pero supo la hora  de clasificación con la aguja fina del reloj de su futbol calculador…

La Máquina no le había ganado a las Águilas hace 15 partidos. Pero cuando lo hizo, fue eliminado, una vez más, en Liguilla. Como metáfora de la última jugada, los deseos celestes se quedaron en la raya. En la frontera de lo que sería. Cuando Agustín Marchesín le atajó un cabezazo, en el último vapor del partido, a Pablo Aguilar, la pelota perdió el pulso en la línea de cal.

Fue una escena casi apocalíptica. Los cementeros, desplomados y consumidos en la impotencia, se fueron a las manos. Jesús Corona le lanzó un golpe a Guido Pizarro y los cruzazulinos se fueron con la derrota tatuada en la frente.

Pero no todo fue tan indigno; La Máquina había sido mejor desde la alineación de las voluntades y desde lo futbolístico. Si a este equipo se le había pedido entrega, no es menos cierto que ayer la fusionó con buenas maneras. 

Si al inicio, Jonathan Rodríguez se había reproducido en las fallas, después sumó, sumó y sumó, hasta que multiplicó. Primero remató desarticuladamente un centro, por izquierda de Milton Caraglio; el servicio, proyectado a segundo poste, insinuaba cierta tranquilidad, pero el Cabecita lo resolvió desde la ansiedad con un lance tan presuroso como bochornoso. Luego, elevó un balón a Plutón.

En ese entonces, Pedro Caixinha escupía fuego y regañaba hasta al recogebalones. Su exceso de personalidad distorsionó el mensaje. Pedro jugaba el partido desde la efusividad de la palabra. La Maquina desde su futbol contundentemente sordo…

Después, Agustín Marchesín hizo una atajada que le pidió peaje al envío de Orbelín Pineda. Fue un lance hacia atrás, con el impulso del cuerpo resignado a la resistencia del viento. Contorsionado, cual largo es, Marche y su plasticidad postergaron el gol azul y su superioridad…

Pero Rodríguez hizo de un disparo una revancha; Roberto Alvarado le envió un balón, que encontró arreglo en su cuerpo;  el Cabecita hizo la recepción y sobre la marca de Guido,  disparó con la promesa elevada al viento: Moriremos peleando.

Pero cuando, al final, Marchesín se recostó al lado izquierdo en aquella frotnera blanca que dividía los sueños, le contó un secreto a aquel balón de fuego, enfriado por sus guantes de hielo: ‘Eres nuestro y eres de Semifinales’. A pesar de Cruz Azul y su acelerados signos vitales…