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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

El clásico de la resignación

2019-04-15 | Felipe Morales
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Había una vez un Clásico Joven fulgurante que era reconocido por las luces que alumbraban el camino del gol. Desde su vitalidad, avivada por la contemporánea rivalidad, ambos equipos hacían de la anotación una festividad. Pero ya no. En los cuatro últimos choques, solo se han movido dos veces las redes. Y Cruz Azul no le ha anotado a las Águilas en 445 minutos...

Pero eso pasa cuando no se maximiza la velocidad y la precisión, que son los conceptos más añejos del futbol. O el manejo del tiempo y del espacio, que son los complementos del balón. 

Si metiéramos todo en la misma caja, tendríamos un soñado América contra Cruz Azul, en el Estadio Azteca. Pero como no hay felicidad completa, cuando había vértigo, no existía simetría. Y cuando uno u otro corría ciclónicamente,  los huecos se reducían...

Pero desde las intenciones el Clásico Joven se jugó desaforadamente; Roberto Alvarado era un futbol con turbinas que enganchaba hacia el centro, en la frontal del área y disparaba a la madera izquierda. 

Pero las Águilas eran la respuesta instantánea desde los pies de Mateus Uribe, que enviaba un disparo de fuego cruzado, resuelto por la plasticidad de Jesús Corona y sus guantes repelentes de peligros cruzados, como aquel dardo de cuero colombiano...

Eso era algo normal si aquella atajada se observaba desde el cristal del día del portero, que confirmaba Corona con aquella atajada de acero...

Pero si en la cancha se jugaba un partido, en la tribuna se disputaba el otro con una manta azulcrema: “De rodillas ante el más grande. Rey de Copas”.  O un tapete “El Azteca es nuestra casa”. Todo menos certeza de cara al gol, porque a los de Coapa se les anulaba uno por una mano de Andrés Ibargüen y porque a Cruz Azul no se le sancionaba un penal a favor por otra mano idéntica de Emanuel Aguilera, en el área rival, en una disparidad arbitral...

De esa manera, el gol se consumió en la opacidad. El Clásico Joven, que era un pretexto de anotación, ayer fue, una vez más, un motivo de resignación...