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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

Lainez no es solución en Coapa

2018-04-15 | FELIPE MORALES
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Una noche en el Estadio Azteca, un americanista pensó, mientras se cubría las alas con su capa amarilla: “A sus 18 años, Diego Lainez no ha olvidado su condición de niño. Si la felicidad de la infancia depende de una pelota, la felicidad del América depende de los trucos del más bajito del campo”. 

Ese aficionado promedio de las Águilas insiste con el aplauso en el pecho y la mirada en la sonrisa. Con la exageración en el puño del alma: “No es una casualidad que se llame ‘Diego’. Que sea nuestro Diego. El de la gente de Santa Úrsula. En la genealogía futbolística, pocos nombres cargan con esa prosapia. Y Lainez, armado con su zurda extravagante, no es menos”, concluían, desde la abstracción del optimismo, desde la prisa de héroes, desde el deseo, desde el exabrupto.

“¡Lainez, a la selección!”, “¡Lainez, al Mundial!”, “¡Lainez y 10 más!”, se escuchó sin que se hiciera un incómodo silencio en el Azteca. Luego irrumpió una risa, la de la realidad, que odia la aceleración de los procesos, porque Lainez no es solución en Coapa. Mucho menos otro ‘Diego’.

Pero eso le basta para ser esperanza. Para ser el grito de ilusión en un América en donde es muy suplente del lesionado Cecilio Domínguez. Y en donde ayer casi lo lesiona Jesús Molina, quien después de ser muy burlado, pateó, como patean los cobardes a los niños.

Porque Lainez apenas tendrá permiso de manejar, pero también tiene las mismas ganas de gambetear que tiene alguien de su edad, de comerse un helado de titifruti.

Diego es la desesperación del rival, pero también la del compañero, porque muchas veces, baraja con la inmadurez. Tira cuando hay que centrar, pasa cuando hay que driblar y desborda cuando hay que patear al arco. 

Entonces, el Monterrey, que se había hartado de patear el descaro con descaro, se replegó y fue una luz sin trueno. Quiso jugar a las espaldas del rival y el futbol le dio eso: la espalda. 

Las Águilas arrastran una dinámica negativa en Liga, donde empatan mucho. Ocho igualadas y la eliminación en Concachampions, solo postergan la clasificación azulcrema. 

Mientras tanto, allá va corriendo el niño Lainez con la aceleración del pulso cosida al balón. Su equipo y el futbol lo esperan en el tiempo, porque no pueden alcanzarlo...