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Opinión

Ignacio Suárez

El Fantasma ha recorrido el mundo del deporte a través de 6 Mundiales, 10 Copas América y 5 JO. Aportará a RÉCORD su conocimiento y exclusivas.

Osorio guardará su flauta y se irá

2018-07-04 | Ignacio Suárez
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Es casi la medianoche del domingo 1 de julio en Moscú. Los andenes de la estación Komsomolskaya se empiezan a pintar de verde. Serán 18 horas de viaje en tren para llegar a Samara, la sexta ciudad más poblada de este hermoso país. 

Las grandes ojeras que se observan alrededor de sus rostros, trofeos indiscutibles de las trasnochadas y celebraciones de victorias propias y ajenas son tan grandes como las esperanzas que tienen de que el equipo mexicano haga finalmente historia. Los rostros de los cientos de mexicanos que van a abordar el tren lucen optimistas; “Después de 6 eliminaciones consecutivas en Octavos, en esta séptima ya nos toca”. Es el argumento más socorrido.

En Samara, la Selección ya duerme en su hotel 5 estrellas que la FIFA le asignó. Tres de los seleccionados lucen diferentes, nadie pudo adivinar jamás que entre el imaginar cosas chingonas estuviera incluido teñirse el pelo a lo Alicia Villarreal. Y es que este grupo de seleccionados tan mediáticos, tan europeo, está lleno de likes en redes sociales y vacío de resultados trascendentes.

Este grupo es “bravo”, le fascina mandar mensajes en redes sociales a la prensa como si fuéramos sus rivales; “califican la clasificación como milagrosa los mediocres, los que jamás han ganado nada”, había soltado en su cuenta de Instagram Rafa Márquez, después del baile que sufrieron ante Suecia que combinado con el milagro coreano dio como consecuencia la llegada a Octavos de Final.

“Y es que neta, como dijiste en tu Twitter se apende·$% gacho, si hubieran sido capaces al menos de empatar, estaríamos viajando a San Petersburgo, para enfrentar a Suiza, que estaba muchísimo menos cab·$% que Brasil y en la llave más fácil. Ahí se perdió el chance del quinto y hasta el sexto partido. Calificar en primero estaba en su manos, no en la de otros, y la perdieron ¿o no mi Fantasma?”, - me dijo Eduardo, un joven de Guadalajara mientras acomodaba su equipaje.

Y es que esta selección tan llena de ego y tan falta de autocrítica, le es imposible interpretar la enorme diferencia entre el fracasar y ser fracasado, que aunque puede sonar similar, es muy distinto. Se le tiene un terror innecesario a la palabra FRACASO. Todos hemos fracasado más de una vez, es parte de la naturaleza humana. Se fracasa, pero se tiene la energía para levantarse e intentar una y otra vez, hasta alcanzar el éxito. El fracasado es aquel que al caerse una vez ya no vuelve a intentarlo jamás. Ese sí merece críticas. 

Y este NO es el caso de esta selección. Muchos de ellos tuvieron ante Brasil una nueva oportunidad de hacer historia, la quinta para Márquez, la tercera para Chicharito, la cuarta para Guardado y así varios. Nadie les dijo que “perdieron por pen…” como acusó el delantero tapatío. Tampoco leí que alguien escribiera que perdieron por inteligentes. Se dijo, simplemente, lo que sucedió es que Suecia los hizo pedazos porque jugaron su peor partido de esta Copa del Mundo. Se dijo que TODOS festejamos el gol de Corea como nuestro, porque eso nos clasificaba. ¿Quién no festejó?, ¿algún mexicano se enojó porque los asiáticos nos calificaron?, ¿qué tiene de malo eso?, ¿sólo se debe señalar lo bueno? 

Ante Suecia se perdió recibiendo tres goles en contra, lo que no sucedía desde 1978 ¡hace 40 años! En Rusia, ganando o perdiendo, el arquero Guillermo Ochoa siempre fue la gran figura, señal inequívoca que no se defendió bien ¿a caso la prensa debía haber invitado a su audiencia a ir a festejar al Ángel? 

En alguna habitación de Samara, imagino a un Osorio frotando su lámpara buscando que el “genio” que dicen que es, haga acto de aparición y le conceda el deseo que sus rotaciones e incongruencias tengan un efecto mágico ante Brasil, ¿y si sorprendo a Brasil y NO pongo a Layún de lateral para marcar a Neymar y arranco con Márquez desde un inicio?, ¿seguro hasta se espantan? Habrá estado pensando.

Amanece en el tren, aún faltan dos horas para llegar a Samara. Camino al baño, en el pasillo coincido con doña Lucía, la acompaña también don Raúl. Al verme se sonríen, los he descubierto. En una pequeña repisa frente a los sanitarios han improvisado un pequeño altar, ahí tienen una imagen de la virgen de Zapopan. En la mano derecha, aprieta un rosario rosa, que uno de sus yernos le regaló cuando fue al Vaticano, nos presumió. ¡Están rezando por la selección! ¡Pidiendo ayuda para que la selección gane!

“Tenemos 35 años de casados. Somos comerciantes, mis hijos también. Vivimos en Guadalajara y tenemos un puesto en el mercado de San Juan de Dios. Nosotros como Márquez, estamos en nuestro quinto mundial, comenzamos en el de Japón-Corea del 2002 y ¡puro sufrimiento cuando califican! ¡Puro sufrimiento! Pero ahora la virgencita no nos va a fallar, ya verá don Fantasma”, me dice apretando su rosario. 

No son ricos, son gente trabajadora. Dicen que tienen una alcancía donde cada día ahorran los 200 o 150 pesos durante el ciclo mundialista para poder acompañar a la selección. “Lo que ahorramos cada uno en esos 4 años, es lo que será nuestro presupuesto para ir al Mundial, a veces nos alcanza para tres partidos, alguna vez para menos” 

Horas más tarde, ya en el estadio, un verdadero misterio invade. Es el que tiene el público y la prensa al enterarse de la alineación con la que nos sorprende el “genio”. Márquez de inicio como contención, Layún a la banca, Edson repite como lateral y se encargará de Neymar, HH, ahora de volante por derecha . ¡Otra vez las malditas rotaciones! “Virgencita de Zapopan, acuérdate que doña Lucy te rezó con mucha fe, no seas gacha”, pensé en ese momento. 

Entre las rotaciones, la enorme calidad del rival y con una alineación así, me imagino que la virgen de Zapopan nos habría hecho al menos un corte de manga. Para pedir un milagro de ese tamaño, hubiera ayudado mucho un poquito de congruencia táctica, una congruencia que en la era de Osorio “el flautista” fue a cuentagotas.

Lo que vino a continuación era lo que la mayoría pensamos que sucedería, lo que la lógica y la realidad imponía. Hubo mucha superioridad, no hubo ni accidente ni milagro. Con un miserable tiro a puerta en 90 minutos aspiramos a ganarle al pentacampeón del mundo ¿así cómo? 

Golpe de realidad. Una selección inofensiva, ante un Brasil que nos regaló la pelota para que nos entretuviéramos, como cuando usted juega a la pelota con su mascota. Al vernos inofensivos nos quitaban la pelota cuando querían y se lanzaban al frente con latigazos de enorme calidad. Sí, en este futbol de hoy en día, AÚN existen las clases sociales, sólo a veces los de nuestra clase podemos colarnos para poderles dar un pellizco y comer un bocadillo de caviar, pero serán simples accidentes. 

En la tribuna el público mexicano, ante la ausencia de peligro de los nuestros, estallaba de ira cada que Neymar se revolcaba en el campo como si hubiera sido poseído por un ente maligno y necesitara de un exorcismo urgente. Este Brasil está argentinizado, ya no le importa ensuciar el juego, ser canchero. Va por el resultado y punto. A medio gas, sin mucho esfuerzo, sirvió para ganar por dos, que si no hubiera sido por DON Guillermo Ochoa, hubiera sido por 5. En los Octavos de Final, el equipo que menos complicaciones tuvo para avanzar fueron los cariocas, pasó caminando. 

Al flautista Osorio, el encantador de ilusos, se le cayó la flauta y se hizo pedazos. La realidad mató al verso. Aun así, llegó a donde otros han llegado con diferentes métodos. Él con su sabiduría nos haría llegar a donde los técnicos “de casa” NO pudieron, nos prometieron quienes lo trajeron. 

Los Octavos de Final son nuestra realidad y nuestro hábitat. Han sido siete ocasiones consecutivas que nos dicen adiós en la misma fase, sólo con diferente sabor. Han existido algunas donde fuimos “el ya merito”, se compitió, se estuvo en condiciones de ganar y se perdió; Bulgaria 94, Alemania 98 y 2006, Holanda en 2014. Esta vez, ni siquiera complicamos. Casi matamos a Brasil de aburrimiento.

Osorio se va, con su flauta del encanto y su séquito de frases a dirigir a otro lado en donde crean que se puede ganar con libros de superación personal. Con versos documentados, que impactan, pero NO fueron capaces de producir resultados diferentes, por lo menos en esta selección. 

La victoria histórica ante Alemania se convertirá en simple anécdota. Sus números finales en la Copa del Mundo hacen que repruebe la evaluación; Jorge Witker lo resumió en su cuenta de Twitter, a la ofensiva sólo se anotaron tres goles, la cifra más baja desde 1978, se recibieron seis, la mayor cantidad de las últimas cuatro Copas del Mundo, y eso gracias a Memo Ochoa. 

Mientras eso sucede, doña Lucía, don Raúl y miles de aficionados nos encaminamos a tomar el tren de regreso a Moscú. Ya no hay cánticos, ya no hay emoción, ni siquiera ánimos de tomar cerveza. El golpe de realidad les clausuró el alma festiva. Hora de empacar, de regreso. Hora de guardar las veladoras, las matracas. Hora de regresar a México y volver a ahorrar día a día para dentro de cuatro años volver a soñar y volver a rezar para que finalmente llegue ese quinto partido. 

A ver si la octava es la buena. Total, la virgen de Zapopan le debe el milagrito a doña Lucía, ojalá para el 2022, le ayudemos a la virgencita con dosis de cordura futbolística, un estilo definido y sin tanto pinche verso.

Mientras eso sucede, en el día a día sin buscar likes, sin teñirse el pelo para llamar la atención, miles y miles de mexicanos volverán a nuestro país, para hacer cosas chingonas, se partirán el lomo para ahorrar dinero esperando que dentro de cuatro años en Qatar o en donde termine siendo el Mundial, aparezca una nueva generación de futbolistas que deje de imaginarse cosas chingonas y se ponga por fin a hacerlas.