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RÉCORD

Atrapado sin salida
José Luis Caballero Leal
Aquí encontrará un análisis crítico y actual sobre los principales acontecimientos políticos y sociales de México y el mundo desde la óptica de un ciudadano.
José Luis Caballero Leal Dom, 03/19/2017 - 12:32

Atrapado sin salida

China es un país con una cultura milenaria considerado como el tercer país más grande del mundo, con una población mayor a 1,350 millones de personas y cuya lengua oficial es el mandarín. Allí se encuentra la Gran Muralla China, una de las 21 maravillas del mundo, construida 200 años A.C., durante la Dinastía Qin, con una extensión aproximada de 7,500 kilómetros para defenderse de los pobladores de lo que hoy conocemos como Mongolia.   

China es hoy también la prisión más grande del mundo para Fabricio Torres Cuellar.

Originario de San Luis Potosí, Fabricio se fue a Shanghái en el año 2011, invitado por su jefe mexicano, quien, con un socio chino, eran propietarios de un restaurante de comida mexicana en esa ciudad. Fabricio se incorporó como empleado del mismo y en diciembre del 2012, posterior a la renuncia de la chef del lugar, asumió la gerencia general y la representación legal del restaurante. Pocas semanas más tarde, Fabricio presentó su renuncia ante la oficina de Recursos Humanos del gobierno chino, una instancia obligatoria para los trabajadores extranjeros en aquel país, y con sus pocas pertenencias se dirigió el 2 de febrero de 2013 al aeropuerto de Shanghái para regresar a México, en donde en el área de Migración le informó que existía una restricción migratoria en su contra y que por lo mismo no podía abandonar el país.

Después de mucho indagar, Fabricio pudo enterarse que el socio chino traspasó el restaurante, pero que, al existir importantes adeudos por concepto de renta del lugar, el propietario del inmueble había presentado una demanda mercantil en contra del ocupante anterior. Al aparecer Fabricio como representante legal de ese establecimiento, la jueza a cargo de la demanda mercantil decidió imponerle una restricción migratoria, manteniéndolo en aquel país a título de “garantía” del pago de la deuda existente entre las partes contratantes. Ese juicio está totalmente concluido y la restricción migratoria en contra de Fabricio totalmente vigente.

Fabricio llegó a China con 31 años de edad. Hoy tiene 37 y 4 años de estar atrapado sin salida en un país que puede resultar el más hostil para quien no puede abandonarlo ni trabajar legalmente para subsistir, careciendo de servicios médicos, del conocimiento del idioma, de vivienda fija y de un futuro cierto. Durante nuestra larga conversación telefónica me contó de la frustración que le produce la más absoluta falta de apoyo de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Consulado mexicano en aquella ciudad, excepto por el siempre presente apoyo “moral”, ese que te sugiere “echarle muchas ganas” mientras nuestros diplomáticos, unos aprendices y otros más curtidos, se desentienden de la tragedia de un connacional en el extranjero. Fabricio está preso en un territorio de 9,572 millones de kilómetros cuadrados, el cual, por un detalle judicial, parece estar condenado a no poderlo abandonar. La ironía de ver a los miles de mexicanos que quieren huir y no volver a esta “tierra de oportunidades” frente a la de uno solo que únicamente desea volver a su patria.

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