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Opinión

Crimen, de Estado?

2018-12-28 | JOSÉ LUIS CABALLERO LEAL
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El 5 de mayo de 1862, se libró, en las cercanías de Puebla, una épica batalla en donde el Ejército de Oriente, bajo la conducción del General Ignacio Zaragoza, derrotó al poderoso ejército francés en el primero de sus varios intentos de invadir México, lo que finalmente lograron en 1864 mediante el establecimiento del Segundo Imperio Mexicano con la llegada de Maximiliano de Hasburgo, quien abandonó el territorio mexicano en 1867, ante las amenazas que Napoleón III recibió de Prusia y los Estados Unidos si no se retiraban de México.  

A casi 157 años de distancia de aquella gesta histórica, Puebla, fue protagonista del injusto embate de Andrés Manuel López Obrador, de Citlalli Ibáñez Camacho, rebautizada como “Yeidckol Polevnsky Gurwitz” y de Miguel Barbosa Huerta, a causa del fallo emitido por la Sala Superior del Tribunal Federal Electoral, que apenas el pasado 14 de diciembre declaró legal la elección para designar gobernador de aquel Estado de la república, reconociendo el triunfo de Martha Erika Alonso, quien horas más tarde protestaría el cargo como Gobernadora Constitucional del Estado Libre y Soberano de Puebla, al menos, así designado en el pacto federal.

En el primer caso, López Obrador, en un arranque absolutamente antidemocrático, antirrepublicano y contrario a la investidura presidencial que el pueblo le confirió mediante el voto mayoritario del mes de julio pasado, declaró que no visitaría Puebla por el momento, en abierta e injustificable protesta a un fallo judicial que no favoreció al candidato de su partido, el señor Miguel Barbosa Huerta, desconociendo, una vez más, la legitimidad de una resolución judicial emitida por el máximo tribunal del país para procesos electorales, el mismo que meses antes le perdonó una millonaria multa por el escándalo del fideicomiso de su partido político, MORENA, el mismo Tribunal que le entregó la constancia de mayoría que lo proclamó como presidente de este país.  La agresión de AMLO no fue solo en contra de Martha Erika Alonso, sino de los miles de poblanos que por igual votaron por él y que vieron en la rabieta del tabasqueño, una conducta propia de un candidato de oposición, no del estadista que pretende, vanamente, ser considerando como el mejor presidente de la historia de México.  Que alguien le explique que hace meses dejó de ser oposición para convertirse en el presidente de TODOS los mexicanos, no sólo de aquellos que votaron por el, y que en la democracia, se gana y se pierde por un solo voto.

Yeidckol Polevnsky es una agitadora social, que por igual vocifera su admiración por el dictador Maduro o por los hermanos Castro, que ofende a quien piense distinto de ella; incondicional de AMLO al punto de ser capaz de decir que el blanco es negro, en su calidad de dirigente de MORENA, se sumó a la irresponsable actitud de su líder, convocando no solo a los Diputados de su partido sino a los Presidentes Municipales de Puebla, a no acudir al llamado de la gobernadora constitucional, a fin de crear el peor caos posible en esa entidad de la republica mexicana. Su convocatoria fue para generar una crisis de gobierno tal, que orillara tarde o temprano a Martha Erika Alonso a dimitir del cargo recién asumido.

Miguel Barbosa Huerta, quien meses atrás criticaba ferozmente a López Obrador, dejó de hacerlo una vez que el manto protector de MORENA le dio cobijo y lo postuló a la gubernatura poblana, la cual perdió en las urnas y posteriormente en tribunales, se proclamó gobernador legítimo de Puebla, emulando aquel disparate de la presidencia legítima de México de AMLO en 2006.  Barbosa llamó a la desobediencia civil y a generar el peor clima político y social de ingobernabilidad en contra de su adversaria política, designada gobernadora del Estado.

Martha Erika Alonso y su esposo, el Senador Rafael Moreno Valle, perdieron la vida en un trágico accidente de aviación ocurrido el pasado 24 de diciembre, cuyas causas apuntan hacia una simple falla mecánica de la aeronave en que viajaban.  

Hay crímenes de Estado que no requieren atentar contra la vida de las personas para perpetrarse.  El de Puebla, en su segunda batalla librada ahora contra sus propios connacionales, parece ser el caso.