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David Faitelson
El tiempo se detuvo...
David Faitelson
Si hay alguien dueño de un estilo, ése es David Faitelson. El comentarista siempre ha sido duro, pero frontal al momento de emitir sus opiniones, mismas que incluso le han traído choques con algunas figuras del deporte.
David Faitelson Vie, 11/17/2017 - 11:58
El tiempo se detuvo...

Yo sólo tenía un deseo: detener el tiempo. La tarde avanzaba rápidamente. Debe ser la misma expresión que aparecía en sus rostros hace ya algunas décadas cuando las cosas parecían complicarse.

El semblante pensativo de Fernando Valenzuela. La risa picaresca de Hugo Sánchez. Los ojos brillantes de Julio César Chávez.

Debo confesar que las manos -y quizá algo más- me sudaban copiosamente. Que mis pulsaciones aumentaban gradualmente y que luchaba para que ninguna de mis emociones reluciera demasiado. Estaba en el ‘paraíso’, mismo de lo que cualquier mexicano de mi generación -y de muchas otras generaciones- hubiese soñado jamás.

Lo veía y no lo creía. Quería observar fijamente a Hugo, abrazar a Fernando y oler a Julio para que mis sentidos me delataran sobre si se trataba de una realidad o de un sueño. El tiempo se detenía, luego, caprichosamente, volvía a andar, más rápido de lo que yo quería y necesitaba.

Pude sentarme en la mesa. Junto a mí, el compañero periodista Fernando Schwartz, quizás el único que pudo haberlos juntado alguna vez. “Sólo hay una foto de los tres en el Esto. Jamás pude reunirlos en el noticiario de 24
Horas con Jacobo. No coincidían las agendas”, me dice Fernando, mientras el gran publicista Carlos Alazraki atestigua nuestra charla.

Más allá, entre los comensales, escucho las risas de Mauricio Sulaimán, el presidente del CMB, que logró la histórica comida. Y enseguida aparecen los tres personajes de la tarde. Chávez lleva la iniciativa. Está más fresco, más inteligente y más vivo que nunca. El ritmo de la televisión (ESPN y TV Azteca) le han dado una facilidad de palabra. Por lo demás, sigue siendo el mismo tipo noble, alegre, bromista. “Llevo nueve años sin nada”, dice levantando un vaso con agua en el brindis. A su lado, Hugo Sánchez. Lo veo bien, como siempre.

Ha sufrido mucho en los últimos años. Esconde un dolor en su corazón, pero esta más consciente de las cosas. Dirige la plática, pregunta y evoca. Hugo parecía vestido de blanco en el área chica, rematando de ‘chilena’ el balón que venía por el aire.

“Yo los admiré a los dos. Me acuerdo del nocaut de Chávez sobre Taylor y de cómo Fernando levantaba la mirada al cielo cuando lanzaba…”, dice el Pentapichichi. Y a la derecha, en la silla más apartada, el hombre que mantiene siempre una imagen más seria y pulcra. El gran Fernando Valenzuela.

Callado, reservado, generalmente alejado de una condición mediática. Su corazón, su nobleza sólo es comparable con la trascendencia de una época y de un fenómeno denominado como ‘La Fernandomanía’. El gran Fernando, ‘El Toro’ de Etchohuaquila como decía ‘El Mago’ Septién, sigue siendo un hombre sencillo a pesar de su irrefutable grandeza. “La educación”, dice Valenzuela. “Sólo más educación hará que nuestro país termine progresando”.

La tarde seguía avanzando. El reloj no se detiene. Chávez levanta la voz: “A ver, Hugo, dime por favor: ¿cuál fue el mejor gol que hiciste?”. Hugo sonríe, piensa, gesticula. “Hice tantos que ya no me acuerdo”. La carcajada se apodera del salón. Y entonces, Hugo es quien revira, hacia Fernando, y le dice: “me tienes que enseñar a tirar ese lanzamiento... ¿cómo se llama?”. Valenzuela le responde: “El screwball”. “Sí, ése. Me acuerdo cuando ponchabas a todos con ese lanzamiento…”.

Muy cerca de ellos, había más gloria del deporte mexicano: Ana Gabriela Guevara, Lorena Ochoa y María del Rosario Espinosa. No creo que haya faltado nadie. Quizá Joaquín Capilla (qepd) Raúl González y Rafael Márquez, entre los varones, y tal vez Paola Espinosa y Soraya Jiménez (qepd), entre las damas. Los héroes, las heroínas del deporte mexicano. Personajes que se introdujeron a la cultura popular de nuestro país, que colocaron sus nombres y sus obras en un sitio que es, de manera irrefutable, parte de nuestra historia y de nuestro orgullo. Los héroes de México. Mauricio les entregó un bello cinturón conmemorativo del Consejo Mundial de Boxeo. 

Seguro que su padre, el gran don José, quien admiraba y conocía a todos ellos, nos veía emocionado desde el cielo. Ismael Valdés, aquel gran pitcher de los Dodgers, atestiguaba el evento.  Chávez le dio un abrazo a Hugo. Hugo se despidió de Fernando. Fernando estrechó la mano de Chávez. La tarde se hacía tarde. Aunque al final, el tiempo estaba detenido.