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RÉCORD

Luis Castillo
La orquesta de Osorio está desafinada
Felipe Morales
Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.
Felipe Morales Vie, 07/21/2017 - 18:56
La orquesta de Osorio está desafinada

Si el futbol es asociación, la Selección Mexicana juega otro deporte. Once solistas nunca han sabido montar una orquesta. Aún en la victoria, la música mexicana es desafinada, pero desde el deteriorado oído de Juan Carlos Osorio, suena...

Rodolfo Pizarro descubrió que a un balón se llega antes, después o justo a tiempo. Y como quien irrumpe en una reunión, sin invitación, Rodolfo tampoco pidió permiso para entrar al gol.

No habían pasado ni cinco minutos y la Selección Mexicana ya era el anfitrión incómodo en una noche que no le pertenecía, pero que debía pertenecerle.

Por eso, aquella jugada de carambola, que entre rebotes e imprecisiones llegó al segundo poste, se fusionó con la propulsión inesperada de un volante que pisa el área con desplantes de conocimiento.

Pizarro no es delantero, pero eso a nadie le importa cuando se desancla y anota. Punto en contra para las obstinadas (y a veces ciertas) críticas teledirigidas a Juan Carlos Osorio, porque, por lo menos ayer, se confirmó que, a veces, los jugadores pueden transitar con efectividad por algunas zonas que no gobiernan.

Pero después del gol, al combinado mexicano le sucede lo de siempre. Se mimetiza con el rival, se refleja en su espejo y si la exigencia es poca, su puesta en escena es menor.

La navegación de los partidos pierde su brújula cuando el mar es amable con algún mexicano. Acostumbrados a la lucha, la tormenta le suele servirle al futbolista azteca. Y ayer, paradójica y tristemente, solo había marea baja y despreocupación por el espectáculo.

Hace mucho que se dejaron de jugar los partidos. Se comenzaron a trabajar y el grito de "¡cuidado!" puso serio al futbol. El sudor de once marines está igual de valorado que un chiste con el balón. Por supuesto, ayer ningún mexicano fue muy gracioso en un campo muy serio, en el que, aparentemente, solo valía la seca y árida  victoria, que alimenta los egos y desmerece los nostálgicos "oles".

Claro: en un México vs. Honduras tampoco hay mucho carisma o demasiada espontaneidad, cuando se juega a la pelota, pero si ambos equipos fueran una palabra, al aficionado le hubiera gustado que fueran "mejores".

Jesús Corona se ensució las ropas en un tiro de esquina que quiso ser gol olímpico. Honduras tensó la trama hasta el final, pero Juan Carlos Osorio, desde su palco, atravesó la llovizna sin mojarse. Seco y victorioso apagó la luz y se fue más solo que nunca...