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El futbol políticamente correcto
Ignacio Suárez
Ignacio Suárez ha recorrido el mundo del deporte a través de 6 Mundiales, 10 Copas América y 5 JO. El Fantasma aportará a RÉCORD su conocimiento y exclusivas que lo llevaron a tener cuatro nominaciones al Premio Nacional de Periodismo.
IGNACIO SUÁREZ Mié, 03/20/2019 - 08:04
El futbol políticamente correcto

Creo que no hay mejor manera de introducirnos al tema que tocaré este día, que citando algunos párrafos de uno de mis libros favoritos titulado 'Futbol a sol y sombra' del gran escritor uruguayo Eduardo Galeano, especialmente aquel que le dedica a la labor que realiza el árbitro: 

“El árbitro es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo, que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio.

Los jueces de línea que ayudan, pero no mandan, miran de afuera. Sólo el árbitro entra al campo de juego, y con toda razón se persigna al entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge. Su trabajo consiste en hacerse odiar. Única unanimidad del futbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamás lo aplauden.

Nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo galopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los veintidós jugadores y en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigiendo su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cada partido, sudando a mares, el árbitro está obligado a perseguir la blanca pelota que va y viene entre los pies ajenos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia le ha sido otorgada. Cuando la pelota, por accidente, le golpea el cuerpo, todo el público recuerda a su madre. Y, sin embargo, con tal de estar ahí, en el sagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, él aguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones.

A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias. Los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuánto más lo odian, más lo necesitan”.

En lo único que no coincidí con este texto de mi admirado Galeano, es con esa frase de “lo silban siempre, jamás lo aplauden”. Por lo menos yo y muchos otros de mi generación, tuvimos el privilegio de ser testigos de quien es la excepción a la regla: Bonifacio Núñez Vega.

Y si bien es cierto que, al buen Boni un día en el Estadio Marte R. Gómez de Ciudad Victoria le rompieron una botella de Coca Cola en la cabeza al final de un Correcaminos contra Atlante en la temporada 1987-1988, también es cierto que en Monterrey era el árbitro más amado que yo recuerde. En cada visita a esa ciudad, la gente lo recibía como un auténtico rockstar, a los equipos locales les pitó, bien, regular y mal, pero al final del juego como cuando salía a calentar en el inicio del mismo, el grito cariñoso de ¡Boni!, ¡Boni! lo acompañaba de la cancha al vestidor. Estas muestras de enorme afecto le arrancaron las lágrimas a Boni muchas veces y hasta la fecha, le sucede al recordarlas.

Algo similar sucedía en Torreón, donde Boni inventó la 'ola' con los asistentes a la tribuna de sol. Eran los tiempos donde Doña Tele no tenía tantas cámaras ni le jugaba al 'Big Brother' ni tampoco los jugadores y los técnicos se daban golpes de pecho por compartir alguna mentada en la cancha. Eran los tiempos en que los jugadores no se pintaban las uñas ni usaban colitas de caballo en el pelo. Lo que pasaba en la cancha se quedaba en la cancha, eran los códigos del juego… no sé si fueron mejor o peor, pero eran otros tiempos.

Al salir a calentar, a la terna arbitral que comandaba Bonifacio, la tribuna de sol le caía a mentadas de madre. El silbante, cual luchador de los rudos en el ring, le respondía a grito pelado: ¡Pinches jodidos parecen lagartijas NO tienen ni para comprarse un boleto de sombra!  Ante la respuesta, el público de sol rugía: mentadas, chiflidos y agüita de riñón volaba a la cancha…    

Durante el juego en ese Estadio Corona, más allá del resultado del partido, el duelo entre la porra de sol y Boni duraba los 90 minutos. Ellos no paraban de mentársela y él tratando de ingeniárselas para responder sin que fuera descubierto por alguna cámara indiscreta. Fue justo cuando nació la 'ola'.

Para el segundo tiempo, Boni ubicó el lado donde estaban colocadas las cámaras de televisión, que estaban de lado de la tribuna de sombra. Efectivamente, el punto ciego era la tribuna de sol. Fue entonces cuando después de realizar una diagonal con ese explosivo sprint tan característico en él, quedó de frente y cerca a la tribuna de sol que le mentaba la madre con singular alegría.

Justo ahí, con la mano izquierda tomó el silbato que llevaba en la boca, entonces puso su brazo derecho rígido y pegado a su cuerpo recargado sobre su pierna derecha, ahí volteó la mano, hizo la seña de 'caracolitos' señalando a la tribuna pegando un poderoso sprint, pero NO en diagonal como debía de ser, en forma vertical recorriendo casi toda la línea como si fuera árbitro asistente. Cuando el público notó que el silbante les iba 'echando cremas' de manera disimulada, se iba levantando de su asiento de manera paulatina y sincronizada para silbarle o mentarle la madre…. La llamada 'ola' sin saberlo y sin quererlo en ese entonces había nacido.   

Lo más sorprendente del caso es que después del silbatazo final, Boni hacia una reverencia a la tribuna de sol ofreciendo disculpas y la tribuna respondía vitoreándolo y lo despedía al grito de ¡Boni!, ¡Boni! y esto sucedió muchas veces, incluso perdiendo el equipo local. La afición NO lo tomaba como un insulto, sino como parte de un juego. Sin duda, esta y muchísimas otras anécdotas estarán contenidas en el libro que ya escribe Boni y que se titulara 'Mis 18 reglas', que será una compra obligada.

Hoy eso sería imposible siquiera pensarlo. Los 'puristas' del micrófono y de la pluma estarían exigiendo cadena perpetua para el silbante como si el futbol hubiera sido un juego inventado para equipos integrados por solo sordomudos y para disputarse únicamente entre frailes Franciscanos contra Carmelitas, que deben persignarse y comulgar después de haber cometido cada falta.

Por supuesto que la anécdota que he relatado de Boni, no es un hecho que se deba aplaudir o incentivar para que alguien lo haga, no es el caso. El tema es relatar un hecho de los muchos que sucedían antes y suceden hoy en día en una cancha de futbol.

Así como Boni y muchos otros de la época buscaban los puntos ciegos de las 5 o 6 cámaras que en aquel tiempo tomaban el juego, hoy en día silbantes, asistentes, jugadores y técnicos se tapan la boca para que las 20 o 30 cámaras no los tomen y les puedan leerle los labios cuando están mentando madres o insultando, y por lo cual en sentido 'purista' deberían ser expulsados. ¿Cuál es la gran diferencia?

Hoy los medios abusamos de polemizar trivialidades simplemente porque dan likes. Se habló hasta el cansancio de aquella acción en el Clásico de Copa donde se leen los labios de Paco Chacón decir: “A mi me vale madre, me la pelan todos”, frase que fue una reacción a la reclamación de Jesús Molina, jugador de Chivas, que pidiendo penalti para su equipo le dijo de forma textual: “NO seas cagón con esos cabrones que te están presionando”; de Emanuel Aguilera NO se sabe qué le dijo porque se tapó la boca.

¿Tanto escándalo por eso? ¿Qué debió hacer Chacón entonces? Me imagino que los 'puristas' del micrófono alegarán que el silbante debió expulsar porque Molina reclamó de manera soez y por decirle cagón. Yo en lo personal, NO tengo nada que objetarle al silbante. Los decanos del arbitraje le llaman manejo del juego, que son esas reglas NO escritas que deben tener los verdaderos árbitros de esos que hoy ya pocos existen, ya que abundan los 'pita faltas'. Silbantes sin personalidad, sin sentido común, sin lectura de partido.

Coincido con Félix Fernández, que en su columna de la semana pasada felicitó a Chacón, por ser de esos árbitros que están en vías de extinción. Que se equivocó y que quizá merece una sanción, quizá, pero de ninguna manera debe ser severa. NO pueden aprovechar este incidente menor para querer cortarle las piernas por su pasado de caudillo en la AMA, eso sería abominable.

Si ese hubiera sido el rasero para quitar o castigar árbitros en el pasado, jamás hubieran existido los Bonifacio, los Brizio, los Ramos Rizo, los Mario Rubio, los Antonio R. Márquez, los Codesal, etc., todos ellos bajo el mismo argumento con el que pretenden hoy sancionar a Chacón, hubieran durado tres semanas en el futbol profesional o hubieran sido condenados a la hoguera, por lo que hacían y decían a los jugadores dentro de una cancha de futbol.

Hoy lo que sucede en este caso se me hace muy similar a lo que ocurre con la educación de los hijos en la escuela. Antes, si un maestro te llamaba la atención, te regañaba en el aula y lo acusabas con tus padres, significaba muchas veces en una 'cueriza' en casa y al día siguiente ir a ofrecer una disculpa al profesor por tu comportamiento y el desafiar a la autoridad. Hoy en día, si sucede lo mismo, al día siguiente los padres están mentándole la madre al educador, levantando una queja ante derechos humanos, exigiendo la renuncia del mismo y el hijo con el psicólogo para evitar algún trauma.

¿Qué árbitros prefiere usted?, ¿aquellos de la vieja escuela o el nuevo prototipo de árbitros metrosexuales, que saben mucho más de rutinas de gym que de reglas? La respuesta es simple. Antes teníamos grandes silbantes, hoy tenemos… tenemos un montón de árbitros por NO decir muchos árbitros del montón.

 

"Yo tengo más respeto para un hombre que me permite conocer cuál es su posición, incluso si está equivocado, que el otro que viene como un ángel pero que resulta ser un demonio" 

Malcom X