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JOSÉ PABLO COELLO
El Chico Maravilla
JOSÉ PABLO COELLO
Con más de 25 años cubriendo deportes, especialmente futbol americano y el beisbol de las Grandes Ligas, entiende y analiza el deporte como pocos. Su análisis de NFL y MLB en su columna en RÉCORD es único.
José Pablo Ceollo Mié, 08/31/2016 - 14:25
El Chico Maravilla

Nueva York se ha vuelto a enamorar. Gary Sánchez llegó en el momento justo para revitalizar a  una fanaticada ávida de encontrar nuevos héroes.

La historia de los Yanquis está plagada de historias increíbles y de figuras emblemáticas que han convertido a esta organización en una de las más trascendentes en la historia del deporte profesional. Es por ello que cuando la directiva decidió abrirles la puerta a sus peloteros más importantes para iniciar un doloroso proceso de reconstrucción, miles de aficionados se sintieron defraudados. Nueva York no está, argumentaban, para tirar la toalla. Y dejar salir a jugadores como Aroldis Chapman, Andrew Miller, Carlos Beltrán e Iván Nova, era una muestra de debilidad y una traición a los principios que le dieron brillo a la institución. El anuncio del final de las carreras de dos tipos muy representativos en la historia reciente del equipo, como Alex Rodríguez y Mark Teixeira, solamente agudizó el sentimiento de frustración de quienes fielmente siguen a los Mulos de Manhattan. 

Aun cuando las decisiones de Brian Cashman parecían hacer sentido y el sistema de sucursales había dejado ser criticado para convertirse en el objeto del deseo de muchos gerentes generales, el panorama en el corto plazo lucía francamente desolador.  Fue justo en esas condiciones que los Yanquis apostaron por su prospecto más valorado en sucursales y le dieron la oportunidad al dominicano Gary Sánchez de jugar todos los días. Y aunque sus cualidades no eran un secreto para nadie, lo cierto es que el primer mes en la carrera profesional del joven receptor ha sido un auténtico cuento de hadas que ni el más optimista funcionario de los Yanquis se habría atrevido a pronosticar. 

Desde su regreso al equipo grande, luego de una aparición fugaz el 13 de mayo, Sánchez simplemente no ha podido ser contenido por los lanzadores rivales y se ha convertido en uno de los bateadores más temibles de toda la Gran Carpa. Hasta antes de la jornada de ayer, el nacido en Santo Domingo tenía un impresionante .398 de bateo, con un espectacular .864 de slugging y un sensacional OPS de 1.328. Con 11 cuadrangulares y 21 carreras empujadas, Sánchez solamente se había ido en blanco a la  ofensiva en tres de sus 22 partidos en agosto, y con absoluta justicia ha sido designado dos veces como el Jugador de la Semana en la Liga Americana. 

Sigo pensando que los Yanquis no tenían la profundidad suficiente para meterse a los Playoffs en la presente campaña, y que aún si hubieran logrado hacer el milagro, se habrían quedado fuera mucho antes de poder soñar con disputar la Serie Mundial. Las decisiones que tomó la directiva eran necesarias y fueron correctas, más allá de quienes especulan que la increíble aportación de Sánchez pudo haber sido mucho más relevante. 

Lo cierto es que Gary Sánchez no habría recibido tantas oportunidades de no haberse iniciado el proceso de reestructuración arriba citado, y la tremenda exhibición de la que hemos sido testigos no habría sido posible de haberse apostado por mantener al roster intacto en la búsqueda de un boleto a la fiesta de octubre. 

Viendo más allá de 2016, los Yanquis y sus fanáticos deben estar de plácemes. El caso de Sánchez es único y me parece que será irrepetible. Sin embargo, estoy seguro que es el primero de muchos peloteros jóvenes que más pronto que tarde llegarán al equipo grande y se convertirán en una nueva generación capaz de seguir haciendo contendiente, año con año, a esta legendaria organización.