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Opinión

David Faitelson

David Faitelson es dueño de un estilo duro, pero frontal al momento de dar opiniones, que incluso le han traído choques con algunas figuras.

¿A Europa, vía Miami?

2020-02-14 | David Faitelson
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Todavía no puedo creer ni digerir que el futbol mexicano "festeje" el pase de uno de sus más prometedores futbolistas de la última época a la MLS. ¿Cuándo, cómo y por qué, el talento mexicano perdió la posibilidad de ir directamente a las mejores Ligas del mundo? La aparente escala que hará Rodolfo Pizarro en Miami antes de ir a un club europeo es innecesaria e improductiva. Es perder el tiempo y desperdiciar talento. Es, también, una muestra inequívoca del sombrío panorama que enfrenta el futbolista mexicano. 

Y queda claro que el proceso de exportación de futbolistas mexicanos a los niveles más desarrollados del juego que, por un momento se aceleró y pareció encontrar un sendero saludable y similar al de jugadores de otras naciones latinoamericanas, se ha detenido. Sabemos muy bien las razones. Los dirigentes de la Liga y de la FMF y los dueños de clubes, también lo comprenden. Es el resultado natural de las políticas que ha tomado el futbol mexicano de llenar las nóminas de foráneos. Cada día se producen menos jugadores nativos y los pocos que salen encuentran ahora la amenaza del dinero y la comodidad que ofrece la MLS, otra grave intimidación para el desarrollo del futbol mexicano.

El otro termómetro para valorar el estado del futbolista mexicano son las Chivas, el único club que utiliza cien por ciento al elemento doméstico. Su ausencia en las últimas cinco temporadas de niveles protagónicos es otro ejemplo del deterioro. 

¿Qué pretende o que pretendía el futbol mexicano? Llenarse de extranjeros en todas las posiciones y que el mexicano no lo resintiera. Examine usted los planteles de Rayados, Tigres, América, Cruz Azul y también de otro nivel de equipos como Pachuca, Puebla, Tijuana o Necaxa. El futbolista mexicano escasea y los que alcanzan a salir, casi por un milagro, sufren para encontrar continuidad. Todavía no sé como América fue capaz de generar y de exportar jugadores como Raúl Jiménez, Edson Álvarez y Diego Lainez en ese horizonte de posibilidades remotas. Esta claro que algunos salen. Hoy, el mejor ejemplo del propio América es el de Sebastián Córdova, pero no lo hacen con el número y la periodicidad adecuada. Se trata de producir más para tener para consumo propio –interno– y vender al extranjero.

El panorama hoy es desolador. Raúl Jiménez y Jesús 'Tecatito' Corona son los únicos titulares en Europa. Hirving Lozano, que parecía en proceso de convertirse en una gran figura, casi no juega en el Nápoles, y Héctor Herrera, quien pasó a un equipo de 'Clase A' como el Atlético de Madrid, se ha desplomado casi con la misma velocidad con la que lo ha hecho su club. Lainez sigue sin tener continuidad, los procesos de Érick Gutiérrez y de Edson Álvarez en Holanda están medio detenidos y Andrés Guardado sabe que está en los últimos instantes de su extraordinaria trayectoria europea. Y entonces, Pizarro, un futbolista con cualidades e inteligencia, se va al Inter de Miami en lugar de tener la opción de seguir creciendo en Holanda o en Portugal.

Los clubes tienen una responsabilidad directa. En el caso de Pizarro, el futbolista dijo que Rayados no quiso prestarlo al futbol ruso. El equipo Kraznodar lo pretendía en cesión. Rayados sólo quería venderlo.

Futbolistas mexicanos de calidad siempre existirán. El problema es tener mayor cantidad, para alimentar todas las necesidades de nuestro futbol. Lo irónico es que quienes controlan el futbol mexicano cree lo contrario. Suponen que con más extranjeros en los clubes, mejor –¿y mayor?– será el crecimiento del futbolista mexicano.

Y no se trata de decisiones extremas. Nadie está pidiendo que la Liga 'cierre sus fronteras'. Lo que hay que lograr es una disminución drástica de los extranjeros, no 'la burla' de la última asamblea de propietarios, donde decidieron bajar gradualmente el límite, hasta una nueva asamblea donde, de golpe y porrazo, pueden decidir lo contrario y volver a aumentarlo. Necesitamos una mayor calidad del futbolista que viene a México y una mayor cantidad de las oportunidades para el mexicano. Esa fórmula puede terminar ayudando.

Parecía que había quedado claro que la estrategia para mejorar nuestro futbol radicaba en aumentar el número de exportaciones hacia los mejores niveles del mundo futbolístico. Pero los clubes mexicanos tienen su propio fructífero, boyante negocio en casa y no les importa producir para vender, como lo hacen los países más desarrollados del futbol en nuestro continente.

Pizarro se va de México para ir a jugar a Miami. ¿Hágame usted el favor? Y hay quienes, todavía, lo festejan...