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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

América se empapó de la creatividad de Henry Martín

2019-10-20 | Felipe Morales
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Henry Martín sigue tendido en el aire, con la sonrisa del viajero del gol; continúa suspendido en el viento de la anotación; de espaldas al arco, aún levita en lo sorprendente. Henry permanece allá arriba, prendido de lo inexplicable, atado de lo inesperado, cosido a lo improbable, consumado en un gol de media tijera, detonado en lo eterno del festejo y explotado en la emoción multiplicada del héroe en acción que resuelve entre una tormenta de ideas...

Así, con esa acuarela el América le empató a dos tantos al Necaxa. En el último vapor del partido, las Águilas recuperaron aquel aliento, que se ha consumido en una sola victoria en los últimos nueve juegos. 

En un inicio, Guillermo Ochoa se lanzó hacia lo mítico; en su trayecto, le metió todo el guante a un disparo del ‘Canelo’ Angulo; la pelota pegó en la madera izquierda. Pero si el América tenía a un Ochoa, el Necaxa tenía a un Gallegos, que le pedía pasaporte a la pelota en la frontera y en la raya del gol. 

Las Águilas remaban el partido con viento favorable hasta que Guido Rodríguez fue expulsado por una plancha sobre Baeza. No fue tanto por la intención. Sino por el exceso de fuerza...

Los de Coapa jugaban en una isla, mucho porque no se enteraron del partido o por su poca empatía al no manifestarse favor de Veracruz al inicio del juego; luego, desde la espontaneidad, Renato Ibarra disparó cruzado desde afuera del área hacia la buchaca inferior izquierda más lejana de un tendido y vencido Hugo González. Fue un gol que hizo eco, más por el vacío de futbol amarillo que por su buen trayecto...

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Pero si alguien gobierna los aires como lo hiciera alguna vez Ricardo Peláez, en la delantera del Necaxa, es Mauro Quiroga, que hizo su noveno gol del certamen, de cabeza, con su estampa espigada de delantero que se tira con paracaídas hacia la anotación. 

Luego, los Rayos fueron fulgurantes al ataque; desde la insistencia encontraron el segundo que vino envuelto para regalo por Emanuel Aguilera: el hombre autogol. 

Quiroga había vaciado un testarazo en la lágrima de la línea de fondo y Ochoa le había puesto guantes magnetizados a un disparo de fuego de Maxi Salas. El partido era un manicomio por las emociones. Y por sus locuras.

Con un hombre menos 60 minutos, el América y Henry Martín hicieron lo que no se piensa. Ejecutaron lo inimaginable. Y así, lanzándose de espaldas hacia la hamaca del gol, Henry se tomó una siesta. De media tijera con escala en su empeine hizo el empate, despertó en el abrazo y soñó despierto por tercer partido consecutivo en el que anota como azulcrema. Nico Castillo esperará con su mate en la banca.

Sí. Henry Martín fue la anotación materializada desde la creatividad de un genio en acción que resuelve en medio de una tormenta de ideas. El América, en consecuencia, se empapó de su creatividad y así le abrió el paraguas a lo que parecía otra entrometida derrota...