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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

“¡Eres mi hijo!”, le gritó Gignac a Corona

2019-10-27 | Felipe Morales
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“¡Eres mi hijo, eres mi hijo!”, le gritaba, al final del partido, Andre-Pierre Gignac a Jesús Corona. En un panal de empujones y reclamos, el francés remarcaba la paternidad sobre Chuy. “¡Eres mi hijo!”, le decía por tercera vez, mientras los separaban de aquel enjambre de discusiones. De esa forma, terminó el Tigres vs. Cruz Azul: Con una reinventada ‘cruzazuleada’. Con un gol de museo del ‘10’ sobre una Máquina virtualmente eliminada.

Pasa que los cementeros sostienen las ventajas con la fragilidad con la que una rama detiene una oleada. Es la séptima vez que los de la Noria dejan ir un marcador favorable. Confirmados como emparejados, su destino también los ha alcanzado...

Tigres, por su parte, fue comparsa de un juego que no quiso jugar; lo trabajó con pico y pala, pero no lo disfruto ni hizo que se gozara. Mucho porque, en un inicio, el Jonathan Rodríguez había adelantado a la escuadra celeste con un disparo al palo derecho de un Nahuél Guzmán expuesto a mar abierto en su achique. El ‘Cabecita’ navegó en aguas calmas en su decisión y en su definición hacia el gol. 

Cruz Azul lo ganaba y los felinos lo observaban, diluidos en el agua tibia de la insignificancia y desde  el tránsito provisto de la inercia. Nunca de la creatividad o de la inteligencia.

Entonces, los visitantes se posaron con autoridad en dos y tres ocasiones en el área local. Fueron una cascada de llegadas, con fallas empapadas. Del otro lado, Javier Aquino había enviado un disparo de fuego que había dinamitado el travesaño. La pelota no entró. Se supo por la marca que quedó en aquel pasto quemado...

La Máquina jugó a las espaldas de un rival desorientado. Hugo Ayala nunca llegó al partido y fue carretera sin peaje para los celestes, que no saben de ofertas y pagan hasta sus errores, otra vez y como siempre, en los últimos minutos de los partidos. 

Lo hacen en jugadas generadas desde un saque de banda. Así, Gignac recibió por costado derecho, le hizo un ‘sombrerito’ a Pablo Aguilar, la pelota hizo escala en su pecho y sin dejarla botar, la mandó  al altamar del gol. En su regreso a la media cancha, André-Pierre volteó a ver a Corona: Con su elegante francés, Gignac le lanzó una seña que sugería y afirmaba un sutil ‘me la pelas’. 

Corona ardía la lava del coraje; se consumía en el temperamento que le hierve. Durante el juego, se habían ya calentado en las llamas del pique hasta tres veces. Cuando el árbitro pitó el final, ambos se buscaron en el medio campo. 

Gignac le remarcó aquel grito certero de paternidad por ese gol en el último vapor: “¡Eres mi hijo!”. Así fue como ‘Chuy’ se fue quemado del Volcán, maldiciendo al viento, enojado, prácticamente eliminado y hasta humillado...