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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

León, un Campeón consciente y solidario

2020-12-14 | FELIPE MORALES
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Luis Montes levantó la copa con el cubrebocas puesto. Lo hizo de manera compartida con el retirado Nacho González. Porque a la vida y al futbol le importan los simbolismos y la manera en la que se entregan los mensajes, se supo que León y el ‘Chapito’ no solamente son ganadores. También son conscientes y solidarios.

“Eso es de hermanos”, decía el emocionado González con el brazalete de capitán cedido por el grupo en su última aparición en escena, ante unos Pumas dignos, que no porque hayan perdido son unos perdedores, porque conviene saber también que los segundos méritos, tan estigmatizados, a veces, también son motivo de podios, aunque en México se les destine al helado pasillo del vestidor de las lágrimas…

Pero León fue más todo el torneo desde la manera en la que Nacho Ambriz le inyectó estética a la idea. Se puede patear como sea a la pelota. Pero este León no solo jugó con ella. La hizo más redonda.

Tres veces habían sido Superlíderes y habían perdido una Final. Los Panzas Verdes consumaron la justicia del primer lugar, en forma de trofeo. Pero para eso debieron batirse en la lucha encarnizada con los dispuestos y combativos universitarios, que ya habían ganado su Final moral, en la eliminación al Cruz Azul.

Si Gigliotti no había sido reconocido ni en un supermercado, durante el torneo regular, ya puede distinguírsele en el museo de lo eterno, lugar reservado para los delanteros que huelen la sangre en instancias definitivas. 

Como en la Ida, Emmanuel fulminó la cabaña puma. Lo hizo con un disparo cruzado, mal leído por el retornado Alfredo Talavera, que le metió el guante a un balón muy atajable con los pies. Gigliotti agitó tanto las manos, que el mundo cupo en sus puños….

Si es cierto que Pumas le quitó otra vez la pelota a los locales, no es menos cierto que no supo qué hacer con ella en el último tercio, donde ni Carlos González ni Juan Ignacio Dinenno se vistieron con la voracidad que reclama una Final. Pero lo de Lillini es y sigue siendo la improbabilidad consumada en un Subcampeonato, desde la humildad y la ecuanimidad de convencer a un grupo a la deriva.

No es que el partido haya sido fulgurante. Es que había una dama de plata arreglándose al costado de la cancha. Y, en el afán de arreglarse para recibirla peinados, solo León supo cómo hacerlo. En una transición, Yairo Moreno recortó a la defensa auriazul y dobló a Talavera, como se recorta una hoja y se dobla a un arquero para hacerlo un barquito de papel. Así de fácil.

De esa manera, los futbolistas de León se hincaron en el campo. Rezaron. Habían pasado 28 años sin coronarse en su casa. Besaron su pasto, olieron su triunfo. Y así, en tiempos de Covid-19, festejaron con el tapabocas. Debajo de él se dibujaba una sonrisa, porque quedará como testimonio que, ante la adversidad, se escribe León y se pronuncia ocho veces Campeón…

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