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Opinión

Felipe Morales

Con un estilo fresco y una pluma original, Felipe Morales nos cuenta las mejores historias del futbol desde su perspectiva periodística.

Volvimos

2020-05-16 | FELIPE MORALES
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El futbol y sus simbolismos. No tuvieron que tomarse de las manos para formar una cadena humana, ni reclamaron de un estadio lleno para festejar con su gente. Al final del partido, en el que vapulearon 4-0 al odiado rival Schalke 04, los jugadores del Borussia Dortmund fueron al aplastante vacío del Muro Amarillo, ubicado en la cabecera, para agradecerle a la costumbre, porque uno puede ser todo, menos dejar de ser lo que fue. 

No hace falta ser alemán o comer salchichas con mostaza, mezcladas con cerveza, para que el futbol nos pertenezca. Aunque se hayan gritado goles de equipos que no son los nuestros, no fuimos traidores. Solo fuimos felices. 

Volvió el futbol, en su nueva versión de tapabocas, y nos dimos cuenta que fuimos lujos. O que llevábamos una vida de lujo, sin darnos cuenta. 

Por ejemplo, el recogebalones, que suele ser un espectador de primera fila con aspiraciones de futbolista, fue sustituido por una pelota que platicaba sola con el pasto, a un costado de la cancha. Así nada más, entendimos lo reemplazables que somos. 

Pero el futbol sigue siendo futbol. Y eso no puede arrancárnoslo nada ni nadie, mientras aquella pelota siga botando y siga rodando. Es así. Porque si es cierto que todo cambia, excepto eso mismo, que todo cambia, no es menos cierto que el mundo es redondo.

Ese planeta cabe en el puño de Haaland, el noruego que hizo que el gol tuviera ecos de nostalgia, de coraje, de esperanza. Porque si se mueve una red, se mueve la vida. Y hace falta moverse hacia adelante, como lo hizo cuando, de un toque con la cara interna del botín derecho, acarició la pelota para mandarla a segundo poste, cuando picó a primero. 

Después, Guerreiro confirmó que el futbol sigue siendo un juego de errores, en el que gana el que menos comete. Como el arquero Schubert regaló el balón en un precipitado despeje, no importa si llevas parado dos meses…

Desde la dinámica, el Borussia parecía que había jugado la semana pasada; había alcanzado aquel 2-0 sin haber sudado. Luego, Hazard disparó ante la ausencia de distancia de Schubert, que seguía en casa, porque nunca llegó al estadio. 

Guerreiro hizo el cuarto en una pirueta de tres dedos bien resuelta. Se extrañaba el futbol desde sus creativos en acción, decidiendo entre una tormenta de ideas. Si es cierto que no existe algo más vacío que un estadio vacío o nada más raquítico que los huesos de las tribunas, volvimos a empezar.

Regresó el futbol apartándose de la realidad para no meter la realidad en el futbol. Lo hizo con tonos en negro y amarillo, saludando y agradeciéndole al viento, en ese simbolismo del recuerdo que apunta al futuro. A uno mejor.

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