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Opinión

Luis Castillo

Jefe y coordinador de contenidos en la Octava Sports | Radio Centro, que pone al alcance información detallada del futbol mexicano.

Arigato, Tokio

2021-08-09 | Luis Castillo
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Finalmente el deporte y el hombre pudieron, en medio de una pandemia, tener un respiro, una alegría, un motivo para poder seguir adelante, los Juegos Olímpicos en Tokio serán recordados por tres cosas: el temor de los contagios, los escenarios sin público y la humanización del deportista.

Durante estas tres semanas en tierras asiáticas no hubo día que el Covid fuera parte de la conversación en Tokio 2020.

Serán por siempre unos Juegos diferentes. Sin público, sin ese corazón que aliente a cada uno de los atletas, pero sobre todas las cosas, estos Juegos fueron el punto de quiebre para humanizar al deportista, para dejar de creer que simplemente son máquinas para competir; el atleta, como todos nosotros, fue presa de la fatiga pandémica, que sufre, que llora, que tiene problemas como cada uno de nosotros y en estos Juegos levantaron la voz, elevaron un grito de desesperación para seguir siendo tratados como dioses del Olimpo.

Tokio deja grandes historias que seguramente con el tiempo serán más valoradas, deja una lucha encarnizada entre China y Estados Unidos, ganada por este último por una medalla de diferencia.

A México le deja un sabor agridulce, porque las expectativas que se crearon fueron muchas, pero seguramente un futuro promisorio si se empiezan a hacer la cosas bien.

El deporte le dice adiós a Tokio, a la amabilidad de su gente, a sus imponentes escenarios, y al mismo tiempo sueña con que París 2024 sean los Juegos que de nueva cuenta hermanen al mundo.