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Opinión

Luis García

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Cruz Azul: Revolución

2020-01-21 | Luis García
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Que esta organización sufra, que esta institución solloce, que esta entidad decepcione, penosamente se ha vuelto una costumbre. 

Son muchos los aspectos que han llevado a este gran club a un paraje de telarañas, de abandono y de obscuridad. Señalar a un culpable en lo individual de toda la malaria es volver a equivocarse sobre el porqué están en la parte más baja de la cadena alimenticia. 

Para derrumbar a un equipo de las polendas, historia y jerarquía de Cruz Azul se necesitan muchas personas para conseguirlo. No sólo han sido ustedes, hermanos Álvarez, empeñados en boicotearse sin sentido ni piedad; no sólo has sido tú, Garcés, con esa mente y maneras perversas quien ha lastimado al club. 

Por ahí han desfilado un sinfín de futbolistas, entrenadores y dirigentes operativos que también han sido parte medular del desastre; eximirlos de responsabilidad resulta barato. Como pequeño pero contundente ejemplo fue la nota que ayer en Récord se hizo sobre el porcentaje de efectividad de los últimos entrenadores. Salvo tú, Tomás Boy, que obtuviste el 50% de los puntos, los demás, ustedes Jémez, Caixinha, Bueno y Sibolidi, no rebasan el 35%. Neta, es una grosería. Máxime en un futbol mexicano tan bondadoso con todos, incluso con los que han colaborado para escribir un manual de lo que no se debería hacer para gestionar un equipo de futbol profesional, varios de los capítulos se han escrito desde La Noria. 

La actualidad y pasado reciente de Cruz Azul es por todos conocido; una hecatombe, es horrible, siendo lo más desesperante que nadie reacciona con rabia, con tino y con estirpe. Nadie se atreve a dar un golpe en la mesa, a gritar, a decir leperadas, a sacudir almas, nadie se rebela, es tristísimo ver la apatía de todos los que laboran ahí. 

Existe un conformismo digno de una novela de horror, incluso resulta lamentablemente notorio cómo los nuevos integrantes, no importando en qué parte del organigrama trabajen, todos se van permeando de una capa grisácea que termina por asfixiarlos y convertirlos igual de sumisos que los que llevan años en la institución. No existe un alma loca que sea capaz de llamar o provocar a una revolución, daría la impresión de que si alguien pretende salirse del redil existen autoridades secretas que les dan un tratamiento para que se les quite la inquietud de pensar o hacer cosas distintas de las establecidas. 

Es exasperante cómo pasan las jornadas, los meses, los semestres, los años y los torneos, y esta notable organización se sigue hundiendo sin remedio. Y entiendo, y sé perfectamente que salir de un hoyo negro no se consigue en un par de semanas. Lleva tiempo, mucho tiempo sacar la cabeza, casi el mismo que se gastaron en echar a perder el engranaje. Pero la bronca para las huestes azules es que no existe plan alguno en marcha, no existen cabecillas a quienes seguir, no surgen ideas a las cuales ponerse detrás y apoyar, sólo existe la tenue ilusión que ensamblen una seguidilla de buenos partidos. 

Craso error, porque esa remota posibilidad de jugar bien a la pelota y ganar varios duelos seguidos para poder sonreír y creer que están avanzando, si no está secundada por firmes cimientos, por un arriesgado y vanguardista plan de acción, será una efímera felicidad, a la cual la extraordinaria afición azul siempre se abraza para terminar decepcionada una vez más. 

El coraje que provocan los artífices de esta debacle es mayúsculo, a todos, fanáticos o no, les conviene que Cruz Azul camine erguido, penosamente lleva años caminando agachado, mirando al piso, y no se ve cómo, en un futuro cercano, pueda levantar la vista.

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