Omar Arellano: la actualidad de tu equipo te obliga a implementar y encabezar una rebelión en búsqueda de visualizar la posible salida de un averno que les está resultando interminable.
La historia nos ha señalado con suma frecuencia que, para cortar o romper una mala tendencia deportiva en los clubes de futbol, los cambios radicales y brutales no son la mejor opción. Una de las maneras para que el Guadalajara salga con bien del pantano, es maximizar las virtudes del limitado plantel que hoy ostentan; también lo es fortalecer su retaguardia e ir consolidando el equipo de atrás para adelante, aspecto que tú, Nacho Ambriz, manejas en tu filosofía y estás empezando a aterrizar.
En la parte frontal, el iluminado que puede hacer que las cosas rueden de distinta forma, como señalé al inicio de esta columna, sin duda eres tú, Omar Arellano. Cuando la estructura tiembla, los cimientos son las partes que los mundanos voltean a ver y buscan aferrarse a ellos. En este apartado, tanto Luis Michel, Héctor Reynoso y Jonny Magallón, después de llevar varios partidos sin fungir como pilares, han retomado poco a poco el rumbo.
La problemática es que de mitad para adelante las cosas se dificultan, por la simple razón de la zona del campo que se atiende; es aquí en donde a ti, Omar Arellano, te han abandonado; ni Marco Fabián, que algunos lo colocaron en un trono que no le corresponde; ni Alberto Medina, que está más que claro que su crédito en esta entidad ya se le acabó hace varios ayeres, te están siendo de auxilio. Y por naturales razones de edad y experiencia, ni Carlos Fierro, chamaco que si logra capear y amortizar su aprendizaje durante el actual temporal, será un tipo luminoso en un futuro mediano; ni Érick Torres, que en lugar de regresar a las bases sigue secuestrado en la inopia, son hombres en quien te pudieras recargar para jalar la carreta. Hoy te toca remar y llevar la embarcación a buen puerto en condiciones prácticamente solitarias, y la realidad en estos sombríos momentos es que eres de los que no han rehuido ni le has dado la espalda a estas inminentes y esenciales tareas.
Mientras los demás lucen engarrotados, tú por lo menos en los últimos enfrentamientos haces lo mejor que se te conoce, que son las conducciones a máxima velocidad, proponer y ganar duelos individuales y animarte a rematar a portería con pelota en movimiento de diversas distancias.
Si bien no has tenido el éxito acorde con tus esfuerzos e intentos, se te percibe claro, firme y convencido que debes ser el caudillo en la ofensiva, quien se encargue de enseñar el camino a los tuyos. Después de ser un futbolista que durante tu carrera has vivido sublimes altas y grotescas caídas, estas últimas, más por tu fragilidad física y lesiones, que por falta de virtudes, se te presenta una inmejorable oportunidad para revertir una irregularidad que no te permite volar. Si logras ser el comandante que tus cuates necesitan con urgencia para ser guiados, habrás dado un contundente paso en tu todavía incipiente andar dentro del futbol nacional.