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Opinión

Luis García

El Doctor une el amplio conocimiento deportivo con un estilo propio. Sus geniales comentarios que lo han hecho referente de la TV tienen también su lugar en nuestro diario.

Efigie

2019-08-11 | Luis García
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Hace algunos días escuchaba las declaraciones de Diego Simeone sobre los estilos de algunos clubes en el mundo; habló sobre instituciones sumamente rimbombantes, señalando al Real Madrid extraviado en la implementación de un sello definido.

Podremos estar de acuerdo o no en la aseveración del entrenador argentino sobre la Casa Blanca, lo cierto es que la genética de los equipos es esencial y un asunto a cuidar como si fuera un bebé recién nacido.

En México, el América y el americanismo poseen una evidente esencia, son los amos en provocar emociones diametralmente encontradas. La entidad amarilla está en obligación de generar, por un lado, un amor que roce la devoción, y por otro lado, sensaciones de profundo repudio. Al América lo amas o lo detestas, y si no consigue detonar ambos sentimientos no está haciendo la tarea, y lo debe hacer mediante triunfos, títulos y teniendo en sus filas figuras descollantes.

Y contigo, Guillermo Ochoa, lo han conseguido de manera impoluta. Antes de tu llegada la plantilla de Coapa era magnífica, con múltiples sublimes futbolistas, jugadores que son tan buenos que saben resolver perversos galimatías con suma facilidad, pero a ninguno de estos notables atletas se les podría considerar ídolo; tú llegaste a resolver ese hueco y dilema.

Históricamente el América ha tenido personajes idílicos, tanto foráneos como nacionales, me parece que más extranjeros que locales, pero han tenido de los dos, es un requisito que no pueden obviar. Por ello la puesta en marcha de la poderosa maquinaria para haber conseguido tu vuelta debe ser reconocida, aplaudida y celebrada por los americanistas, y por quienes no lo son.

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Los ruidosos estandartes en cualquier institución deportiva son medulares, y en la actualidad aún más. La trascendencia que hoy tiene el futbolista es de una resonancia en ocasiones incomprensible y sumamente compleja de manejar con propiedad, por ende la importancia de contar con coloridos referentes como tú resulta prioritario, máxime que no se encuentran en la botica de la esquina.

América llevaba muchos, pero muchos años ausente de la conversación en este rubro. Insisto, no estoy hablando ni cuestionando la calidad de sus futbolistas, esa es extraordinaria, pero se olvidaron de competir en el tópico de estrellas de cine.

Ahí Tigres había sido el mandamás, seguido prácticamente a la misma altura por Rayados; el factor André-Pierre Gignac fue doloroso para todos, cada gol, cada título, cada éxito del francés y su equipo fungía como una grosera afrenta, no solo deportiva, para los demás competidores de alcurnia, ahora, contigo regresaron de manera imperial a la conversación. Como toda figura, tú, Guillermo Ochoa, posees claroscuros. Resulta imposible ser un futbolista mayúsculo como lo eres y no llevarse raspones en el camino, el asunto es observar con detenimiento la película completa, ya que hacerlo por episodios sesga el análisis.

De entrada fuiste un valiente, emigraste después de varios años en la querencia, y te rebuscaste la vida como un hombre a carta cabal, te convertiste en nómada, un tipo que se adaptó a disímiles entornos, naciones, costumbres, idiomas, formas de entender la vida y de expresar el juego, y lo hiciste sin poner pretexto alguno.

En tu andar en Europa tuviste pasajes sensacionales, siendo titular indiscutido, y otros amargos momentos como el descenso de categoría y una sorpresiva suplencia en el Málaga. Estoy cierto que son las experiencias rudas, en las que se sufre, en las que se llora, las que terminan forjando; las buenas son deliciosas, pero las malas edifican al ser.

Lo mismo te pasó en Selección Nacional, naturales altas y bajas, fuiste partícipe, no responsable exclusivo; nadie en lo individual debe ser culpable de la derrota, como nadie en lo individual debe tomar crédito de la victoria, de no calificar a unos Juegos Olímpicos, y de tener que ir a un repechaje para calificar a una Copa del Mundo con tres lugares para ir directo.

Eso fue en la penumbra, pero en la luz fuiste el mejor jugador mexicano, y por mucho, de los dos últimos Mundiales. Después de mucho penar hoy eres el Rey en el trono de la portería mexicana, y nadie te lo quitará, es más, abdicarás cuando se te pegue la regalada gana, ni un segundo antes ni un segundo después.

Eres una leyenda, un personaje aspiracional, un ente que la gente ve como ejemplo a emular, y un ídolo en toda la extensión de la regla. No pretendo ir al torpe y desgastado debate de si eres el mejor portero mexicano de la historia, sencillamente me planteo disfrutar tu nueva estadía en México. Que no quepa duda alguna, no solo al América vas a hacer mejor, tú harás que el futbol mexicano sea un mucho mejor sitio.