Bastante tenían los españoles con defenderse. Por el centro, por los lados, con Antonio a la heroica o con llegadas por banda, los Hammers acogotaban a un Sevilla que no conseguía bajar las revoluciones al partido.

Poco a poco el cansancio hizo mella en ambos equipos, que empezaban a no ver lejos la posibilidad de una prórroga. Fue ahí, cuando el balón comenzó a rasear, que el Sevilla se reencontró consigo mismo. Por fin corría el esférico y no los jugadores, y salía a relucir el mayor talento técnico de los españoles.

El partido entró en los últimos minutos a cara o cruz. Los dos equipos se resguardaban más y los ingleses ya no salían como enajenados al ataque cada vez que agarraban el cuero.

A la prórroga. Y de nuevo el ímpetu hammer tras el saque de centro, asidos al bullidor Antonio, siempre muy bien asistido por el español Fornals.

Lopetegui movió el banquillo, algo que hasta entonces solo habían hecho una vez por bando en el tiempo reglamentario. A escena Rafa Mir, Munir y Luismi para refrescar la línea de ataque y sorprender a la contra a un West Ham que seguía llevando la iniciativa.

Al enésimo saque de esquina botado por Fornals no enchufó de milagro Soucek, una vez más acechando al segundo palo. El Sevilla parecía bastante más interesado en que los minutos pasasen y que fuese la suerte de los penaltis la que decidiese la clasificación.

Pero a menos de diez minutos del final, la fe del West Ham tuvo su premio. Un disparo de Fornals, imperial a lo largo de todo el encuentro, fue rechazado por Bono, y Yarmolenko apenas tuvo que meter la puntera para convertirlo en gol.

El West Ham conseguía así su ansiada clasificación a cuartos tras más de cuatro décadas, y el Sevilla caía tras haber ganado en la ida solo por segunda vez en 21 ocasiones en la UEFA o Europa League.

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