Llegar a la universidad representa para algunos estudiantes de la Ciudad de México una jornada de varias horas antes y después de entrar a clases. Quienes viven en el oriente y la periferia pueden pasar hasta cinco horas diarias en el transporte público debido a las distancias y los múltiples transbordos que deben realizar, utilizando combis, autobuses, Metro y Trolebús como parte de su rutina.
Un ejemplo es Luis Ángel Guadarrama Benavides, quien vive en Chimalhuacán, estado de México, y estudia psicología social en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa. Para llegar a su plantel invierte alrededor de cuatro horas entre la ida y el regreso y gasta 40 pesos en pasajes.
Aunque reconoce que existen mejoras en materia de movilidad, como la puesta en marcha del Trolebús elevado, considera que todavía existen dificultades para quienes utilizan el transporte en esta zona.
“Sí hubo una reducción (de tiempos) cuando se creó este sistema de transporte. Sin embargo, muchas personas esperábamos una ampliación en la línea 8 del Metro”, comentó.
Además, señaló que en Santa Marta ha observado problemas para abordar las unidades debido a la alta demanda.
A los largos recorridos se suman las condiciones de algunos vehículos y la inseguridad. Luis señaló que existen unidades en condiciones deplorables en el estado de México, mientras que quienes utilizan la carretera México-Texcoco enfrentan situaciones de inseguridad que forman parte de su cotidianidad y representan un desgaste emocional constante.
También cuestionó que, pese al aumento de la tarifa del transporte público en la zona metropolitana, que pasó de 12 a 14 pesos, persistan deficiencias en las unidades, como asientos diseñados para un menor número de pasajeros aunque se intenta acomodar a más personas, así como vehículos que carecen de equipamiento básico, entre ellos limpiaparabrisas.
Cuando llueve, la situación se complica todavía más
Luis explicó que su regreso puede prolongarse hasta cuatro horas, al grado de que en algunas ocasiones ha tenido que quedarse con amigos o familiares para evitar realizar el recorrido bajo esas condiciones. Esta situación le ocurrió apenas la semana pasada, lo que muestra cómo las condiciones del transporte pueden modificar por completo su rutina diaria y dificultar el regreso a casa.
Un tiempo similar al de Luis es el que destina Estefanía Zaraí Alanís para trasladarse desde Ecatepec hasta la misma universidad. En el Metro, la estudiante debe viajar entre aglomeraciones, situación que incrementa el riesgo de que le roben sus pertenencias; mientras que al utilizar las combis se encuentra expuesta a asaltos y acoso. De esta manera, el traslado no sólo implica invertir varias horas del día, sino también enfrentarse a situaciones que generan preocupación durante el recorrido.
El problema también afecta a estudiantes que deben desplazarse hacia otras zonas de la ciudad para cumplir con actividades académicas. Norma Berenice Ruiz de Paz, quien vive en la colonia Campestre Potrero, cerca de la sierra de Santa Catarina, en la demarcación Iztapalapa, pasa alrededor de cinco horas entre ida y regreso para acudir a su servicio social en Polanco.
Desde su experiencia, existe una marcada diferencia entre las condiciones del transporte disponible en las zonas céntricas y las que enfrentan quienes viven en áreas cercanas a la periferia.
Los testimonios de los estudiantes reflejan cómo los largos trayectos forman parte de su vida universitaria y pueden representar una inversión considerable de tiempo, dinero y esfuerzo.
Para quienes deben recorrer grandes distancias desde el oriente y la periferia, llegar a clases o cumplir con su servicio social implica combinar diferentes medios de transporte y enfrentar problemas como las aglomeraciones, la inseguridad, las condiciones deficientes de las unidades y las afectaciones provocadas por las lluvias.
Mientras los estudiantes continúan adaptándose a estas condiciones para cumplir con sus actividades académicas, los recorridos de varias horas también evidencian las diferencias existentes en materia de movilidad entre las zonas céntricas y las áreas periféricas de la Ciudad de México y el estado de México.

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