Hay nuevo grito de ilusión, de guerra, de impulso en la tribuna mexicana y ante Ecuador se patentó como el cántico tricolor este Mundial: “¿Y si sí? ¿Y si sí?”. Sonó a todo pulmón en grandes pasajes de la victoria en Dieciseisavos. Es el lema de nuestra afición y contagia hasta al más escéptico, como quien te escribe hasta antes de que rodara el balón este verano.
EL GRITO PROHIBIDO NO SE CANSÓ, ¿Y FIFA?
Tras el inicio frenético de México, la tribuna del Azteca lanzó el grito prohibido en cada despeje del portero ecuatoriano: una, dos, tres, hasta cuatro, cinco veces, todas fuerte y claro. Todo en el primer tiempo. ¿Y el protocolo? Como si nada. Todo indica que aquello de instaurar la dinámica antidiscriminatoria ya lo olvidó FIFA en este Mundial. Y no es queja.
RESPETARON A LOS POCOS ECUATORIANOS
Como se adelantó, claro que hubo boletos para la afición ecuatoriana desde su Federación, al menos 8% del aforo total del estadio, es decir 6 mil 500 entradas, es decir, la queja previa de los sudamericanos fue infundada. Hubo pocos en el Coloso, apenas tres manchitas amarillas entre la marea verde.
Al momento del himno nacional ecuatoriano, hubo rechifla en el anuncio, pero en cuanto se entonó, los mexicanos guardaron silencio, respetaron, y al final apareció la silbatina. Pero no durante el cántico y eso hay que aplaudirlo.
LE FALLÓ EL SONIDO AL AZTECA
Primero con el mariachi al descanso, que no tuvo el sonido del cantante principal y no se escuchó el ‘Cielito Lindo’ como debería, no prendió. Y luego con el show de luces antes de iniciar la segunda mitad, que falló al sincronizar las 500 bocinas del Azteca al ritmo de ‘Life is Life’ de OPUS. Incluso para arrancar el juego, el árbitro tuvo que esperar el conteo final porque no se callaba la música. ‘Pecata minuta’.
CON RETRASO, HUBO PAUSA DE HIDRATACIÓN
Se especuló tras el retraso del juego, que arrancó a las ocho de la noche y no a las siete por la tormenta eléctrica que cayó sobre el sur de la Ciudad de México, que no habría pausa de hidratación porque el clima no lo ameritaba. Sin embargo, las hubo en ambos tiempos, con abucheos. Aunque lo niegue Infantino, parece más parte del negocio que de la mejora deportiva.

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