Lo dije en un principio y lo sostengo: la lucha en torno al ascenso/descenso se ha romantizado en muchos ámbitos del futbol mexicano, porque la realidad revela de forma descarnada que las pérdidas que arroja la Liga de Expansión —aún con el subsidio que ofrecía la Liga MX— promedian 184 millones de pesos por torneo.
Muchos se desgarran las vestiduras diciendo que deberíamos copiar el modelo de negocio de ligas de alto impacto como Inglaterra, España, Alemania o Italia, donde existen segundas divisiones consolidadas y envidiables. Sin embargo, lo que no se ponen a analizar los "especialistas" es que el modelo en México no funciona mientras existan cambios constantes de franquicias y dueños en la Liga de Expansión.
No se trata únicamente del aspecto deportivo, sino también de lo administrativo y financiero: hoy la Liga de Expansión genera boquetes económicos que marcan un distanciamiento abismal entre el valor de una franquicia de Liga MX y una de Expansión.
¿Quién invierte para perder?
Es muy probable que muchos piensen que me han comprado la conciencia o que directivos de la Liga MX me convencieron de que el ascenso/descenso no sirve (porque lamentablemente en México los términos medios no existen). Pero analicemos la realidad: dicho apoyo no solventaba a los dueños de franquicias de la Liga de Expansión, mientras que la organización cubría un déficit operativo que no rindió frutos, alcanzando un total transferido de 1,440 millones de pesos.
Díganme ustedes si hoy la Liga de Expansión interesa a los aficionados en todo el país, más allá de sus plazas locales. La respuesta es un ¡NO! rotundo. Por ello, hay que poner las cosas en perspectiva, hacer una evaluación seria y entender que no somos España, Inglaterra ni Alemania; no podemos compararnos con ligas consolidadas en todas sus categorías. Dejemos el romanticismo y reflexionemos: hoy la categoría no es negocio y deben estructurarse mecanismos estratégicos que otorguen certidumbre a un futbol más competitivo y de élite.
La volatilidad en la categoría de plata
Otro punto en contra de la lucha por el ascenso/descenso es la marcada volatilidad de la división. Desde la etapa del Ascenso MX, la categoría experimentó variaciones continuas en su número de participantes debido a problemas de solvencia económica y liquidez, factores que explican la mayoría de desafiliaciones y desapariciones de clubes.
Revisemos las cifras: la división pasó en 2009 de 27 a 17 clubes; en 2014 bajó de 17 a 14; entre 2015 y 2019 osciló de 15 a 18; descendió a 12 participantes hacia 2020 y actualmente cuenta con 16 clubes, muchos de los cuales difícilmente lograrían una certificación financiera. Bajo la lupa de los hechos: ¿quién se atreve a decir que la división hoy es viable en lo económico? Nadie.
En lo deportivo el análisis es distinto, pues la falta de ascenso merma la competencia interna en Liga MX y frena oportunidades para jóvenes que buscan consolidarse en Primera División. Si a eso sumamos que los últimos lugares de la tabla porcentual caen en zonas de confort al no descender, las pérdidas en calidad y exigencia competitiva son indiscutibles.
Leagues Cup hasta 2029
En entrevista para RÉCORD, 'Fran' Iturbide, presidente de la Liga MX, abordó un tema clave: ¿por qué los clubes mexicanos no juegan como locales en la Leagues Cup? La respuesta es puntual: Concacaf no autoriza ese formato porque entraría en conflicto directo con la Champions Cup, lo que restaría exclusividad al torneo de la confederación. Por ello, el margen actual se limita a contemplar algunas sedes neutrales o ajustes logísticos en fases avanzadas, pero que México reciba partidos regulares luce prácticamente imposible.
Asimismo, quedó ratificado que la Leagues Cup y la Liga MX mantienen un contrato firmado hasta 2029. Quien asuma que el certamen está cerca de cancelarse se equivoca: restan varios años de vigencia institucional con la mira puesta en renovar y consolidar la alianza a largo plazo. Informados están.

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