Tigres se derrumbó. Una de las dinastías y épocas doradas de nuestro futbol no logró resistir el cambio. Ni de futbolistas ni de entrenador ni de directiva. No estaban listos y hoy dan pena, por los resultados y por su comportamiento, en especial por el que se supone que es el último líder e ídolo de esa generación, Nahuel Guzmán.

Es tan pobre lo de Tigres que incluso en un partido oficial como el de anoche, El Volcán lució semivacío, algo que era inconcebible. Encima, el club felino fue el único mexicano que recibió partido de Leagues Cup en casa y no ganó. Están casi eliminados, salvo un milagro.

Del gran equipo de Tigres queda sólo el recuerdo en la mente y corazón de los que los vimos volar y conquistar tantos títulos, porque en la cancha es otro equipo del montón.

¿Y LOS REFUERZOS, APÁ?

Pizarro se marchó por la falta de estructura en el proyecto deportivo, aunque el club felino asegura que fue porque así lo quiso de buenas a primeras. Y es que la actual directiva que encabeza Carlos Emilio González ha fallado para mantener la solidez de la que fue la mejor y más cara plantilla.

No han podido cerrar refuerzos, ni siquiera al entrenador que urge. Aunque advirtieron que habría presupuesto limitado, es ilógico al revisar que lograron una venta de 17 millones de dólares por Correa, además de liberar tantos salarios pesados, pues sólo de Gignac y el argentino eran más de 10 MDD, y los de los últimos pesos pesados como Ibañez, Aquino, Córdova, Samir, Reyes y Carioca. Ahora hasta el de Pizarro.

DA PENA LO DEL PATÓN GUZMÁN

Es increíble que un portero con el talento de Nahuel, con la experiencia en finales y conquistas de tantos títulos, crea que puede empujar a un árbitro sin que le pase algo, y que después intente explicar que ‘no lo vio’.

Lo peor es que uno pensaría que el recuento de ‘nahueleadas’ que le hemos visto a Guzmán en el futbol mexicano iría bajando con la edad, que en la mayoría de los casos entrega madurez. Pero por lo visto se saltó al portero de los Tigres. En lugar de risa, hoy ya da pena.