En la era del futbolista-influencer, donde el éxito se mide en millones de reproducciones de TikTok, peinados extravagantes y transmisiones en directo, la Selección Española ha encontrado a su guía hacia la gloria en el lugar menos pensado. Se llama Mikel Oyarzabal, tiene apariencia de oficinista, calza un atípico número 47 y es, sin lugar a dudas, la figura más inesperada de la Copa del Mundo 2026.

Con cinco goles en siete partidos, incluyendo el frío e incontestable gol de penal en la Semifinal ante Francia, el atacante de la Real Sociedad ha cargado con el peso ofensivo de un equipo que, sobre el papel, iba a ser liderado por la juventud de Lamine Yamal o Nico Williams. Sin embargo, para entender la resiliencia y el éxito del "9" de España en la cancha, es obligatorio mirar su vida fuera de ella. Oyarzabal es el antídoto perfecto al ego del futbol moderno.

Oyarzabal | AP

Un graduado universitario en el vestuario de élite

La historia extra-cancha de Oyarzabal rompe cualquier molde establecido en el deporte de alta competencia. Mientras ya era una estrella consagrada en LaLiga y una pieza recurrente en las convocatorias nacionales, Mikel tomó una decisión insólita: no abandonar los libros.

A los 22 años, el delantero se licenció con éxito en Administración y Dirección de Empresas (ADE) por la Universidad de Deusto. Su rutina distaba mucho de los lujos habituales de un futbolista de primera división. Oyarzabal vivía en un piso compartido con sus amigos de la infancia en San Sebastián. Entrenaba por las mañanas bajo las órdenes de Imanol Alguacil y asistía a clases por las tardes.

Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal en celebración con la Selección de España en el Mundial 2026 | MEXSPORT

Sus propios compañeros de carrera recuerdan cómo, durante las concentraciones internacionales o los viajes de la UEFA Europa League, Oyarzabal aprovechaba las horas de vuelo para estudiar. ¿Su principal herramienta? Un grupo de WhatsApp donde el resto de los alumnos le compartían las fotografías de los apuntes tomados en el aula para que pudiera prepararse para los exámenes parciales.

La capacidad de adaptación como arma secretaEsa misma estructura mental y madurez académica fue la que le permitió superar el momento más oscuro de su trayectoria profesional. En marzo de 2022, una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha lo apartó del Mundial de Qatar y amenazó con arrebatarle la punta de velocidad que lo caracterizaba como extremo.

Lejos de hundirse, Oyarzabal utilizó su inteligencia táctica para reinventarse por completo. Analizó el juego, asimiló sus nuevas condiciones físicas y mutó de un extremo veloz a un "9" asociativo, inteligente y letal dentro del área.

Oyarzabal ayuda a levantar a Lamine Yamal | AP

Esa fortaleza psicológica se evidenció en el arranque de este mismo Mundial. Tras un debut sumamente criticado ante Cabo Verde —donde registró la insólita estadística de pasar los primeros 30 minutos de partido sin tocar un solo balón debido al planteamiento táctico—, el jugador no se desesperó. Silenció las dudas a base de goles cruciales, firmando un doblete ante Austria en Octavos y asumiendo la responsabilidad del penal más caliente del torneo ante los franceses.

Hoy, el chico que pedía los apuntes por teléfono se encuentra a las puertas de la inmortalidad. España entera contiene el aliento de cara a la gran final, sabiendo que en el campo estará su héroe silencioso; un gigante con los pies en la tierra y los ojos puestos en la Copa del Mundo.