Las declaraciones de Ricardo La Volpe sobre que “solo los mexicanos se venden” reabrieron un debate que desde hace años acompaña al futbol nacional: el de una parte de la afición que suele apoyar a otras Selecciones, abuchear al Tricolor o incluso esperar una derrota para lanzar críticas. Aunque la frase del extécnico de la Selección Mexicana generó opiniones divididas, desde la sociología el fenómeno tiene explicaciones que van más allá del futbol y que se relacionan con la construcción de la identidad nacional, la confianza en las instituciones y las expectativas deportivas.
Desde una perspectiva sociológica, el comportamiento de una parte de la afición mexicana responde a una relación compleja con la Selección Nacional. El representativo dejó de ser visto únicamente como un símbolo del país y, para muchos seguidores, también representa a la Federación Mexicana de Futbol, los directivos, las decisiones comerciales y la industria que rodea al balompié.
En ese contexto, la crítica hacia el equipo no siempre significa un rechazo al país, sino una forma de expresar inconformidad con quienes administran el proyecto deportivo. Incluso, en entrevista para RÉCORD, el sociólogo egresado de la UNAM, Roberto Maravillas, señaló que esto no se debe al rechazo al país, sino a un modelo de trabajo o a la misma entidad que lo rige.
“Cuando una Selección deja de representar únicamente la identidad nacional y comienza a ser percibida como una institución más, el aficionado se siente con libertad de cuestionarla de la misma manera que cuestiona cualquier otra organización. No necesariamente rechaza a su país; está criticando lo que considera un modelo que no le ha cumplido”, explicó el sociólogo.
Otro factor tiene relación con las expectativas acumuladas durante décadas. El futbol mexicano convivió durante años con el discurso de que estaba cerca de competir al nivel de las principales potencias y de alcanzar los Cuartos de Final en una Copa del Mundo. Sin embargo, los resultados mantuvieron una constante de eliminaciones en instancias similares. Esa repetición de desenlaces generó una cultura de escepticismo entre algunos aficionados.
“Cuando una sociedad experimenta promesas deportivas que no terminan de concretarse, aparecen mecanismos de defensa. Uno de ellos consiste en anticipar el fracaso para reducir el impacto emocional de una nueva decepción. Por eso muchos aficionados critican antes incluso de que inicie el torneo”, agregó.
También influye un rasgo cultural presente en México, donde la crítica, el humor y la ironía forman parte de la conversación cotidiana. En distintos ámbitos, desde la política hasta el entretenimiento, cuestionar o burlarse de las figuras públicas se convirtió en una forma de interacción social. El futbol no escapa de esa dinámica y las redes sociales amplificaron todavía más ese comportamiento, ya que las opiniones más radicales suelen generar mayor alcance e interacción.
Aunque el fenómeno es visible en México, no se trata de un caso exclusivo, explicó el mismo experto. “En Argentina, Lionel Messi fue objeto de fuertes cuestionamientos antes de ser Campeón del Mundo. En Brasil destrozaron a su Selección, a Neymar, a Scolari luego del 7-1 con Alemania. Inglaterra también convivió durante décadas con una afición que alternó entre el apoyo y el desencanto y así muchas Selecciones”.
La diferencia, de acuerdo con especialistas en sociología del deporte, radica en la intensidad y el momento en que aparece la crítica. En países como Argentina o Brasil, los cuestionamientos suelen disminuir durante los partidos y el respaldo colectivo aumenta conforme avanza la competencia. En México, en cambio, “existe una mayor disposición para trasladar la admiración hacia otras Selecciones que representan el éxito deportivo del momento, como ocurrió en distintos periodos con Brasil, Argentina o España”, sentenció.
Ese comportamiento también puede entenderse mediante el concepto de identidad aspiracional. Diversos estudios sobre comportamiento colectivo muestran que las personas tienden a identificarse con equipos o figuras que representan el triunfo y el reconocimiento internacional.
Cuando una Selección acumula resultados positivos durante varios años y otra vive una etapa de frustraciones, parte de la afición desarrolla vínculos emocionales con el proyecto ganador sin abandonar necesariamente su nacionalidad.

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