Nuestra mayor esperanza como aficionados era que las jugadoras no se pusieran nerviosas por enfrentar a las grandes potencias. Las veíamos como un grupo de jóvenes promesas cuyo único objetivo real era ir a aprender y sumar experiencia internacional. Hoy, de cara al Mundial Sub-20 de Polonia, el escenario, la exigencia y las expectativas son completamente distintos.
Esta Selección no va a ver de qué se trata el torneo ni a pedirle autógrafos a las rivales; es una generación consolidada que tiene absolutamente todo para dar un golpe de autoridad histórico.
Y vamos a decir las cosas como son: este cambio radical de mentalidad y de nivel futbolístico no es obra del espíritu santo ni producto de la casualidad, es el resultado directo del rodaje que les está dando la Liga Femenil BBVA.
A diferencia de lo que pasaba hace una década, donde las convocadas venían de ligas amateur o del sistema colegial de Estados Unidos, hoy la inmensa mayoría de esta lista está conformada por futbolistas que conocen perfectamente el rigor del profesionalismo. Ya no son las mujeres que calientan la banca para cumplir una regla de menores; son titulares indiscutibles, goleadoras y referentes en sus respectivos clubes.
Estas seleccionadas compiten cada fin de semana en estadios de Primera División, soportan la presión mediática de las aficiones más pesadas del país, entienden la táctica a un nivel altísimo, pelean liguillas a muerte y se rozan todos los días con jugadoras extranjeras de gran cartel. Llegan a Polonia con un colmillo competitivo y una madurez emocional que en el pasado simplemente no teníamos. Este torneo será el examen perfecto para medir la evolución real de nuestro futbol femenil.
Nos servirá para comprobar de qué está hecha esta generación cuando le toque medirse frente a la velocidad y la técnica de los mejores equipos de Europa y Sudamérica.
Para entender por qué esta Sub-20 ilusiona tanto, hay que fijarnos en un factor clave, el minutaje. A diferencia de años anteriores donde las seleccionadas juveniles llegaban a los mundiales casi en ceros, hoy tenemos jugadoras de 18 o 19 años que ya superan los cincuenta partidos disputados en el máximo circuito profesional.
Este fogueo constante en la Liga Femenil BBVA es exactamente lo que acorta la brecha física, técnica y de lectura de partido que históricamente nos separaba de potencias como Estados Unidos, Alemania o España en estas categorías menores.
Es el momento de quitarnos de encima el complejo de inferioridad y exigirle a esta Selección Sub-20 como lo que realmente es, un equipo de atletas profesionales de alto rendimiento. A la Federación y al cuerpo técnico les toca demostrar que saben gestionar todo este talento en la cancha para trascender de verdad en el Mundial de Polonia y no quedarnos en el "jugamos como nunca y perdimos como siempre". Estas futbolistas no son solo el semillero, son el presente y el futuro inmediato de nuestra Selección Mayor, y tienen el futbol necesario para competir de tú a tú a cualquiera. Ya se ganaron el respeto en nuestra liga, ahora es momento de que brillen a nivel internacional.
¡Abramos cancha!

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