Hubo una época en la que la Selección de España obsesionaba al planeta entero con el romanticismo de su "Tiki-Taka", ese estilo de posesión infinita, estética pulcra y combinaciones milimétricas que los llevó a la gloria. Sin embargo, en esta Copa del Mundo el conjunto español lo tiene claro, la belleza ha pasado a segundo término, lo único que importa es sobrevivir.

Lamine Yamal en celebración con la Selección de España en el Mundial 2026 | MEXSPORT

Así lo han dejado entrever varias de las principales figuras del plantel en sus más recientes comparecencias ante los medios, donde una postura colectiva ha comenzado a hacer eco en las mesas de análisis, prefieren ganar jugando "mal" que armar las maletas antes de tiempo.

El encargado de abrir el debate de forma tajante fue la joven sensación del Barcelona, Lamine Yamal, quien en rueda de prensa previa dejó una frase que define a la perfección el sentir del vestuario español en esta Copa del Mundo 2026.

Prefiero jugar mal y ganar el partido, que jugar bien e irnos de vacaciones”, disparó la joya de la Roja, priorizando la efectividad por encima de los aplausos de la tribuna.

A esta contundente declaración se le sumó el lateral Marc Cucurella. El carismático defensor refrendó las palabras de su compañero, señalando que el plantel actual prefiere "jugar mal" pero asegurar con frialdad los pasaportes a las siguientes fases de eliminación directa, donde un solo parpadeo te deja fuera del certamen.

Un vestuario alineado

Esta corriente de pensamiento no es un esfuerzo aislado, sino una filosofía que ha permeado en todas las líneas de la escuadra dirigida por Luis de la Fuente.Jugadores como Pau Cubarsí y Álex Baena también han respaldado públicamente este enfoque.

Alex Baena, jugador de España | MEXSPORT

Ambos futbolistas coincidieron en que de ahora en adelante, es preferible amarrar los resultados por la mínima diferencia en lugar de obsesionarse con desplegar un futbol brillante o vistoso que no garantice el éxito.

Para España, el torneo ha entrado en una fase donde la mística del "ganar como sea" ha sepultado los viejos manuales del romanticismo futbolístico. La Furia Roja ha madurado, entendió los golpes del pasado y ahora se enfoca en una sola misión: levantar la copa, sin importar el camino que tengan que recorrer para lograrlo