Se desbordó la selección africana. El empate amenazaba. La zaga gala se revolvió con un genial Konaté y el puntual Lloris. Deschamps sacó a Giroud por Thuram, para que el ahora solitario tridente en ofensiva resolviera con un chispazo. Y funcionó. Mbappé recibió en el área, regateó y se internó como en una selva, mandó remate a segundo poste que resultó desviado por la defensa hacia la posición de Kolo Muami, reemplazante de Nkuku para Qatar, que en su primer toque en Mundial mandó al fondo. Era merecido también el gol árabe, pero increíblemente no cayó. Dos a cero categórico, para que el Campeón defienda el domingo en el Lusail la corona ante Argentina. Gracias, Marruecos, por esta tremenda historia.

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