Travagliato es una ciudad y comuna italiana de la provincia de Brescia, en la región de Lombardía. La localidad es conocida por el Travagliato Cavalli, una exposición ecuestre que se celebra cada año. Sin embargo, además de las hípicas, Travagliato tuvo un hijo pródigo que realizó un renacimiento en el AC Milan. Franco Baresi fue para los rossoneros lo que Miguel Ángel fue para la cultura renacentista.
Llegó muy joven a la capital de la moda, pero lo hizo para jugar en el Inter, equipo en el cual militaba su hermano, Giuseppe. Sin embargo, el conjunto neroazzurro rechazó al joven Franco, quien llegó al Milan para ser un ídolo impoluto. Entró con 14 años y debutó con 17 en la Serie A, bajo la dirección técnica de Nils Liedholm.
Baresi estuvo en una de las épocas más difíciles del equipo rossoneri, con dos descensos en sus primeros años de carrera. El primero fue gracias al bochornoso Totonero, cuando Massimo Cruciani y Alvaro Trinca, dueño de un restaurante y frutero del mismo, aprovecharon su relación con jugadores de la Lazio para amañar una serie de partidos.
Sin embargo, con Baresi ya como titular, el Milan regresó a la Serie A tras un año en la B, pero la felicidad no duró mucho. Tal y como la La Traviata -ópera italiana con música de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Francesco Maria Piave- el amor de Baresi en la Primera División terminó un año después de su ascenso.
Descenso, pero Campeón del Mundo
El descenso alcanzó al Milan de nueva cuenta, aunque ahora fue por falta de un buen futbol. Pese a estar en la Segunda División, Enzo Bearzot confió en Baresi y lo convocó a su primer Mundial, con tan solo 22 años. El defensor no jugó un solo minuto, pero puede presumir -a diferencia de otros mitos- que es Campeón del Mundo.
Ya de regreso con el equipo de toda su vida, Baresi terminó como capitán del mismo y se consolidó como un libero sin precedentes. Tras la salida de Liedholm del banquillo del Milan, dos monstruos llegaron para hacer un equipo irrepetible: Arrigo Sacchi y Fabio Capello. Pese a contar con jugadores de la talla de Marco Van Basten y Ruud Gullit, il eterno capitano era Franco.
Dos décadas como un grande
El amor que Baresi le tuvo al Milan siempre fue correspondido; nunca fue negado. El 28 de octubre de 1997, después de 20 años vistiendo el uniforme rojo y negro, Franco dijo adiós, pero su legado fue eterno. Tras su muerte, múltiples mensajes llegaron, pero ninguno fue como el de Maradona en 1989.
"Esta es una camiseta de un grandísimo jugador. Pienso que Franco Baresi es el mejor defensor, este es un recuerdo que lo guardaré para toda la vida", confesó Diego. Hasta siempre, Franco Baresi.

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