Desde antes de las diez de la mañana, Paseo de la Reforma comenzó a cambiar de rostro. El ruido habitual de motores y cláxones fue sustituido por música, silbatos, risas y el sonido constante de abanicos abriéndose y cerrándose entre la multitud. Poco a poco, el Ángel de la Independencia dejó de ser un punto turístico para convertirse nuevamente en el lugar donde miles de personas se reunieron para marchar.

Las banderas arcoíris y de distintas identidades aparecían sobre los hombros de los asistentes. Entre maquillaje brillante, plumas, lentejuelas y vestuarios llamativos, familias enteras caminaban entre grupos de amigos y parejas tomadas de la mano. La edición número 48 de la Marcha del Orgullo LGBT+ volvía a ocupar las calles de la Ciudad de México.

CONTRA / Georgina Sánchez

Un recorrido distinto

Este año la ruta cambió. La instalación del FIFA Fan Fest en el Zócalo provocó modificaciones en el trayecto habitual, en esta edición el concierto tradicional cambió de sede junto al Palacio de Bellas Artes, donde se instaló un escenario principal para el cierre de la jornada.

Más que una celebración

Sin embargo, debajo del ambiente festivo permanecía el significado histórico de la movilización. La marcha recordó que el orgullo sigue siendo una manifestación social y política, además de una celebración.

Las consignas aparecían entre canciones y aplausos. Mientras algunos bailaban y grababan videos, otros levantaban mensajes sobre derechos, visibilidad y reconocimiento. La diversidad de voces reunidas en un mismo espacio mostraba que el orgullo también representa memoria y resistencia.

CONTRA / Georgina Sánchez

Ni la lluvia detuvo la marcha

La lluvia apareció por momentos, pero no vació las calles. Algunos improvisaron capas con bolsas de plástico; otros simplemente siguieron caminando entre gotas y música. La marcha continuó avanzando. Parecía que el agua únicamente hacía brillar más las lentejuelas y el maquillaje.

Conforme la tarde avanzó, la ciudad volvió a experimentar una escena que cada año transforma el paisaje urbano: una avenida tomada no por automóviles, sino por cuerpos, voces e historias distintas.

CONTRA / Georgina Sánchez