El estadio con mayor capacidad del Mundial 2026, no el de la Final en Nueva Jersey, sino el Estadio Azteca por 159 lugares, rescató la inauguración amenazada por protestas, remodelación inconclusa y hasta por el clima. La majestuosidad del Coloso de Santa Ursula eclipsó las quejas y encumbró la fiesta.
El visitante, mexicano y extranjero, quedó maravillado con la esencia que emana el histórico templo del futbol. El Azteca, aunque insistan en cambiarle el nombre que está acuñado en la biblia futbolera, se puso el traje de gala, aunque varios pensaban que estaría remendado.
LA DESPEDIDA DEL SEIS-COPAS OCHOA
La primera ovación no fue para Shakira o Los Ángeles Azules, fue para Memo Ochoa, quien antes de la ceremonia de inauguración saltó al campo del Azteca en una especie de reflexión, por su último torneo profesional mientras el Coloso le gritaba y aplaudía. Así empezó.
Y SÍ LLOVIÓ… PERO SOMBREROS
Al puro estilo mexicano, en el espacio tras el himno y el inicio del juego, desde la parte alta de la tribuna volaron los coloridos círculo de cartón que puso la organización en cada butaca, bajaban como ovnis girando sobre el hueco al centro, celebración que fue imitada por el resto. El mexicano se crea festejos donde parece agotada la celebración.
LOS PAISANOS DE QUIÑONES
Los dos. Los mexicanos que se rindieron al multicampeón con Tigres, Atlas y América, el mejor del partido, y los colombianos que tiñeron de amarillo partes de la cabecera y una esquina alta, que no eran sudafricanos. Los cafetaleros se apuntan ya como el cuarto país que más alta ha cotizado sus entradas en reventa este Mundial.
UNA FIESTA CON MAYORÍA FIFI
Era de esperarse: los altísimos costos de los precios para la inauguración hizo que los de cartera amplia retacaran el Azteca. Había muchas pruebas para identificarlos por el estadio, desde el tono fresa de los Juanpis y Chemas, hasta que aventaban la cerveza que Michelob que costaba 300 pesos el vaso.
LA GUARDIA NACIONAL RESGUARDÓ
Eso sí, a los que hicieron relajo, los apaciguaron o los sacaron. Me tocaron un par detrás de mí asiento, que ya pasados de copas se resistieron a las autoridades a abandonar su lugar, pero al final fueron desalojados. La Guardia Nacional mantuvo un control constante.
HUBO RECHIFLAS POR EL ESTILO
Y sí, se le volteó por momentos el estadio al Vasco. Después del tempranero 1-0, la sensación era de goleada. La primera roja confirmó la superioridad, pero el Vasco amarró a sus muchachos y la gente lo resintió, cada vez que tocaron hacia atrás hubo silbidos. La desesperación crecía, más por jugar después contra 9. Aunque Raúl clavó el segundo, se calmó un poco más l descontento por la falta de arrojo para meter más.

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