Durante muchísimo tiempo, la gala del Balón de Oro en Europa se sentía como una fiesta privada a la que el futbol mexicano simplemente no estaba invitado. Lo veíamos de lejos, como un evento exclusivo para las potencias del viejo continente y las figuras que dominan su propia Champions.

En la rama femenil, esa distancia parecía todavía más inalcanzable. Sin embargo, cuando la revista encargada destapó su lista de nominadas de este año, la sorpresa nos sacudió a todos de manera muy positiva. Scarlett Camberos y el Club América acaban de abrir la puerta grande del reconocimiento mundial, demostrando que lo que se está construyendo en nuestro país ya hace ruido en la élite internacional.

Lo de Scarlett no es una cuota de inclusión ni una casualidad del destino. Es el resultado de una temporada de altísimo nivel competitivo donde supo imponer sus condiciones en la cancha. Pero el valor real de su nominación va mucho más allá de los resultados deportivos. Hablamos de una futbolista que hace no mucho tiempo tuvo que salir del país por una situación inaceptable de acoso cibernético, buscando la paz mental y la seguridad que aquí se le negó.

Regresar a México, ponerse el gafete de capitana, liderar a su equipo para levantar títulos y reinar en la zona de Concacaf habla de una fortaleza emocional fuera de lo común. Que su nombre aparezca hoy junto a figuras históricas es la victoria definitiva del talento y la resiliencia sobre la adversidad.

A la par, no podemos pasar por alto la nominación del América como Mejor Club Femenino. Ser el único equipo no europeo considerado para este galardón es un mensaje contundente sobre la seriedad del proyecto. Nos confirma que la Liga Femenil BBVA dejó de ser un torneo de desarrollo para convertirse en una competencia que exige respeto.

Cuando una institución invierte con visión a futuro, protege a sus jugadoras y les da el trato de profesionales de primer nivel, los resultados cruzan fronteras. Hoy, el escudo americanista comparte la misma mesa que el Barcelona o el Chelsea, y eso es ganancia pura para todo nuestro balompié.

Para entender el peso deportivo que llevó a Scarlett a estar entre las treinta mejores jugadoras del mundo, hay que revisar sus estadísticas de la temporada evaluada. La capitana azulcrema disputó cuarenta y siete partidos, marcó veintisiete goles y repartió siete asistencias. Un rendimiento extraordinario que se tradujo directamente en un triplete soñado: el título de la Liga MX Femenil, el Campeón de Campeones y la Concacaf W Champions Cup. Un palmarés que casi nadie en el planeta puede presumir este año.

Esta nominación histórica debe servir como un llamado de atención profundo para aquellas directivas en México que siguen viendo a la liga femenil como un gasto obligado o un simple trámite administrativo. El América ya demostró que apostar por la estructura y armar planteles altamente competitivos no solo llena estadios en la liguilla, sino que te pone en el radar del futbol mundial.

Scarlett probó que desde nuestras canchas se puede llegar a la gala más prestigiosa del deporte. Ahora le toca al resto de las instituciones entender que el verdadero prestigio se gana diseñando proyectos de élite y respaldando incondicionalmente a la mujer futbolista.

¡Abramos cancha!