Durante los últimos días muchas personas me preguntaron cómo me sentía después de concluir una etapa muy importante para mí en Busted Open. La respuesta siempre es: Me siento agradecida.
Durante cuatro años tuve la oportunidad de compartir un espacio con personas que aman esta industria y que entienden que el wrestling también se construye desde la conversación. Ahí aprendí que un micrófono puede ser tan poderoso como un campeonato cuando se utiliza con responsabilidad y con respeto hacia quienes hacen posible este negocio.
Cerrar un ciclo siempre invita a mirar hacia atrás, pero también obliga a mirar hacia adelante. Mi decisión personas es quedarme con todo lo que aprendí, con las amistades que construí y con la oportunidad de haber representado una perspectiva distinta dentro de uno de los espacios de análisis más importantes del wrestling.
En esta industria es común pensar que nuestra historia depende únicamente de los campeonatos que ganamos o de los minutos que aparecemos en televisión. Yo también crecí con esa idea. Sin embargo, con el paso de los años entendí que las carreras más sólidas se construyen de otra manera. Se construyen con trabajo, con coherencia y con la confianza que las personas depositan en ti.
Los campeonatos cambian. Las historias evolucionan. Los personajes se transforman. Eso forma parte de la esencia del wrestling. Lo que permanece es la credibilidad que cada uno construye todos los días, dentro y fuera del ring.
Esa credibilidad no nace de un resultado. Se gana cuando eres capaz de sostener tus convicciones aun cuando las circunstancias cambian. Se fortalece cuando entiendes que responderle una empresa, una comunidad o un país también implica escuchar, aprender y actuar con responsabilidad.
He tenido la fortuna de vivir distintas facetas dentro de este deporte. He sido luchadora, campeona, promotora y comentarista. Cada una de esas experiencias me ha permitido observar la industria desde un ángulo diferente. Hoy entiendo que el wrestling es mucho más grande que cualquiera de nosotros y que nuestro compromiso debe ser contribuir a que siga creciendo.
Por eso nunca he visto los espacios de comunicación como una oportunidad para hablar únicamente de mí. Siempre he procurado que también sirvan para reconocer el trabajo de otras luchadoras, explicar lo que sucede detrás de una función y acercar este deporte a quienes apenas comienzan a descubrirlo. Si logramos que una persona comprenda mejor la lucha libre, todos ganamos.
Como mexicana me llena de orgullo comprobar que nuestra lucha libre despierta cada vez más interés en el mundo. Nuestra cultura, nuestra forma de contar historias y la pasión de nuestra afición siguen demostrando que tenemos mucho que aportar a la conversación internacional. Esa responsabilidad también me inspira a seguir construyendo puentes entre México y Estados Unidos.
Por esa razón esta columna representa mucho más que un nuevo espacio para escribir. Es una oportunidad para seguir dialogando con ustedes desde otro lugar. Quiero compartir experiencias, analizar lo que ocurre en la industria y reflexionar sobre los retos que enfrenta la lucha libre, siempre con respeto por quienes piensan diferente y con la cercanía que ha marcado mi carrera.
Mi voz no termina porque concluya una colaboración. Mi voz continúa porque nace de una convicción que no depende de una plataforma específica. Continúa porque sigo creyendo en el poder de este deporte para inspirar, unir comunidades y abrir oportunidades para nuevas generaciones.
Los campeonatos seguirán cambiando y las historias continuarán evolucionando. Así ha sido siempre y así seguirá siendo. Lo verdaderamente importante es que, cuando todo eso cambie, la credibilidad permanezca. Esa es la única victoria que el tiempo nunca puede quitarte.
