Cada vez que varios terremotos fuertes ocurren con pocos días o semanas de diferencia surge la misma inquietud: ¿hay otro país que pueda ser el siguiente? Los movimientos registrados recientemente en Japón y Colombia, sumados a los sismos ocurridos en Venezuela, han llevado nuevamente la conversación hacia el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica del mundo.
Uno de los eventos que aumentó la atención ocurrió en Colombia el 10 de agosto, cuando un terremoto de magnitud 7.4 tuvo su epicentro en las inmediaciones de San José del Palmar, en el departamento de Chocó. El movimiento se registró a una profundidad aproximada de 107 kilómetros y, de acuerdo con los datos proporcionados sobre el evento, dejó daños y víctimas en distintas zonas.
Pero los terremotos no funcionan como una cadena que va recorriendo países. Que Japón, Colombia u otra nación registre un movimiento importante no significa que después tenga que ocurrir otro en México, Chile o Perú. Los especialistas pueden identificar regiones donde existe una mayor amenaza sísmica, pero hasta ahora no pueden establecer con certeza la fecha, el lugar y la magnitud del próximo terremoto.
¿Qué países están en el Cinturón de Fuego del Pacífico?
Para entender por qué se habla tanto de esta zona hay que mirar su tamaño. El llamado Cinturón de Fuego, o cinturón Circumpacífico, rodea buena parte del océano Pacífico y tiene una extensión aproximada de 40 mil kilómetros. En esa enorme franja coinciden límites de diferentes placas tectónicas, además de fallas, volcanes y numerosas zonas de subducción.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que cerca del 90% de los terremotos del planeta ocurre alrededor de esta región. Esto no quiere decir que todos los territorios incluidos enfrenten el mismo nivel de actividad o que exista un orden para la llegada de los sismos. La frecuencia y fuerza de los movimientos depende de las condiciones tectónicas particulares de cada zona.
En el continente americano, la franja alcanza regiones de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Estados Unidos y Canadá. Después continúa por las islas Aleutianas y llega a sectores de Rusia, Japón, Taiwán, Filipinas e Indonesia, para extenderse también por zonas de Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tonga y Nueva Zelanda, entre otros territorios del Pacífico.
Expertos revelan qué pasa con México dentro del Cinturón de Fuego
México sí forma parte del Cinturón de Fuego y su actividad sísmica tiene mucho que ver con la interacción de distintas placas. En el país convergen o tienen influencia las placas de Norteamérica, Cocos, Rivera, Pacífico y Caribe. La UNAM ha explicado que frente a buena parte de la costa del Pacífico ocurre un proceso de subducción, en el que placas oceánicas se introducen debajo de la placa de Norteamérica.
Por esa razón, algunos estados presentan una actividad sísmica particularmente relevante. Guerrero y Oaxaca están asociados principalmente con la subducción de la placa de Cocos; en Michoacán, Colima y Jalisco intervienen las placas de Cocos, Rivera y Norteamérica; Chiapas se encuentra próximo a otra importante zona de subducción, mientras que en Baja California predominan sistemas de fallas vinculados con las placas del Pacífico y Norteamérica.
La Ciudad de México tiene otra característica que explica por qué puede experimentar movimientos intensos aunque el epicentro se encuentre lejos. Las ondas sísmicas pueden viajar cientos de kilómetros y, al llegar a determinadas zonas de la capital, las características del suelo pueden amplificar el movimiento. Por eso, un terremoto originado frente a las costas del Pacífico puede sentirse con fuerza a gran distancia.
Entonces, después de Japón, Colombia o Venezuela no hay un país que necesariamente “falte” en la lista. México, Chile, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Canadá, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda cuentan con regiones de actividad sísmica importante, pero eso no significa que alguno esté destinado a sufrir próximamente un terremoto destructivo.
Los científicos estudian las fallas, la velocidad de las placas y los antecedentes sísmicos para calcular probabilidades y conocer mejor las zonas expuestas. Lo que la ciencia todavía no puede hacer es señalar que un terremoto ocurrirá determinado día en una ciudad específica y con una magnitud concreta. En el caso de México, formar parte del Cinturón de Fuego significa convivir con un riesgo sísmico permanente, por lo que la prevención sigue siendo mucho más útil que cualquier intento de adivinar dónde ocurrirá el próximo gran movimiento.

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