El sismo de magnitud 6.5 registrado en Guerrero el pasado 2 de enero de 2026 volvió a poner sobre la mesa uno de los escenarios que desde hace décadas estudian los especialistas en México. El movimiento, localizado cerca de San Marcos, fue percibido en diferentes entidades y despertó nuevamente dudas sobre la posibilidad de que frente a las costas guerrerenses pueda originarse en algún momento un terremoto mucho más poderoso.

De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), el temblor ocurrió a las 07:58 horas y tuvo una magnitud de 6.5. Aunque se trató de un evento considerable, no existe evidencia científica que permita interpretarlo como el anuncio de un terremoto mayor ni tampoco asegurar que haya eliminado el peligro sísmico de la región. Guerrero forma parte de una zona tectónicamente activa en la que los movimientos continuarán presentándose.

Para comprender por qué existe preocupación hay que observar lo que ocurre bajo el océano Pacífico. En esta parte del territorio mexicano, la placa de Cocos se introduce debajo de la placa de Norteamérica, provocando esfuerzos y deformaciones en la corteza terrestre. Dentro de esta extensa zona de subducción se encuentra la llamada Brecha Sísmica de Guerrero, una franja de aproximadamente 230 kilómetros entre Papanoa y Acapulco que ha llamado particularmente la atención de los investigadores.

En Guerrero, la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa de Norteamérica, generando una importante actividad sísmica./ Pixabay

Una zona que ha producido grandes sismos a lo largo de la historia

La preocupación científica no surge únicamente por el terremoto ocurrido en enero. Los registros históricos muestran que entre 1845 y 1911 esta región estuvo relacionada con al menos seis terremotos de gran magnitud. Desde entonces, una parte de la Brecha de Guerrero no ha experimentado una ruptura comparable, situación que ha llevado a los especialistas a investigar cómo se comportan las placas y qué escenarios podrían presentarse en el futuro.

Que haya transcurrido más de un siglo desde aquellos eventos no significa que exista una cuenta regresiva para el siguiente gran terremoto. La ciencia todavía no puede establecer que un sismo ocurrirá simplemente porque hayan pasado determinada cantidad de años. Tampoco puede asegurarse que el terremoto de San Marcos haya descargado la energía necesaria para impedir otro movimiento importante. El comportamiento de una zona de subducción involucra procesos mucho más complejos.

Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han utilizado modelos matemáticos y simulaciones para estudiar el potencial de Guerrero. Entre los especialistas que han trabajado sobre este escenario se encuentra Víctor Manuel Cruz Atienza, del Instituto de Geofísica. Las investigaciones han considerado que una ruptura suficientemente extensa podría generar un terremoto superior a magnitud 8, aunque se trata de un escenario posible y no de una predicción de que vaya a ocurrir próximamente.

Los científicos han contemplado escenarios en los que una ruptura extensa podría generar un terremoto superior a magnitud 8./ Pixabay

¿Qué pasaría en la CDMX si ocurre un gran terremoto en Guerrero?

La cercanía con la Ciudad de México es otro de los factores que hacen relevante estudiar esta región. La Brecha Sísmica de Guerrero se localiza aproximadamente a 300 kilómetros de la capital, y las características del subsuelo de algunas alcaldías pueden favorecer la amplificación de determinadas ondas sísmicas. Por esta razón, los investigadores desarrollan simulaciones para estimar cómo se comportaría la ciudad ante un terremoto de grandes dimensiones originado en las costas guerrerenses.

Debajo de Guerrero, además, sucede otro fenómeno que podría ayudar a comprender mejor el comportamiento de las placas: los llamados sismos lentos. A diferencia de un terremoto convencional, estos desplazamientos ocurren gradualmente, pueden prolongarse durante semanas o meses y no son perceptibles para la población. En esta región se han observado aproximadamente cada 3.5 años, convirtiéndose en una pieza importante de las investigaciones realizadas por especialistas mexicanos.

Estos movimientos permiten liberar gradualmente una parte de la deformación acumulada en el contacto entre las placas. Los científicos también han estudiado el papel de los fluidos presentes en la zona de subducción y la forma en que pueden modificar temporalmente las condiciones de fricción. Sin embargo, los sismos lentos no garantizan que un terremoto de gran magnitud pueda evitarse, ni su aparición permite saber si posteriormente ocurrirá un movimiento destructivo.

Por ello, hablar de un “megaterremoto inminente” en México no tiene respaldo científico. Lo que sí está documentado es que la Brecha Sísmica de Guerrero posee características que permiten contemplar terremotos importantes y, por esa razón, continúa bajo vigilancia. El sismo de magnitud 6.5 de San Marcos recordó la actividad de esta región, pero no ofrece elementos para establecer cuándo se producirá una nueva ruptura.

La cercanía de Guerrero con la CDMX es uno de los factores considerados al estudiar los posibles efectos de un gran terremoto./ Pixabay

Hasta ahora no existe tecnología capaz de predecir un terremoto indicando con precisión su fecha, hora, epicentro y magnitud. El estudio de la Brecha de Guerrero permite construir escenarios, identificar vulnerabilidades y mejorar las medidas de prevención, pero no colocar una fecha al próximo gran sismo