Tengo 31 años y llevo siete años casada con mi esposo. Siempre hemos tenido una relación bastante buena y, si soy sincera, nuestra vida sexual nunca había sido un problema. Obviamente, ya no es como al principio, cuando no podíamos dejar de tocarnos ni cinco minutos, pero pensé que eso era algo normal después de tantos años.

Hace unos meses, él empezó a decirme que sentía que habíamos caído en la rutina. Me comentaba que quería que intentáramos cosas nuevas, salir más, sorprendernos y volver a sentir esa emoción de antes. La verdad es que me gustó verlo interesado en mejorar las cosas entre nosotros.

Una noche, mientras estábamos viendo una película, me dijo algo que me tomó por sorpresa. Me preguntó si alguna vez había pensado en grabarnos. No voy a mentir: al principio me dio pena. Soy bastante reservada con esas cosas y nunca había hecho algo así, pero me explicó que para él no tenía nada de malo, que era algo entre nosotros y que podía ser una manera de salir de la monotonía.

Lo pensé durante varios días y terminé aceptando.

Después de eso sentí que estaba más emocionado, más atento y más cariñoso. Incluso tuve la sensación de que nos habíamos acercado otra vez, y me hizo feliz pensar que quizá solo necesitábamos salir de la rutina.

Encontrar material íntimo que no se recuerda haber grabado puede generar dudas, miedo y una sensación de vulnerabilidad./ Pixabay

Hasta que pasó algo que me tiene muy mal.

Hace unas semanas estaba buscando unas fotos de un viaje en una computadora que compartimos y encontré una carpeta que no reconocí. No estaba buscando nada raro. Ni siquiera sospechaba algo.

Pero la abrí.

Y sentí un vacío horrible en el estómago.

No encontré otra mujer ni se trató de mensajes extraños. Encontré decenas de videos y carpetas organizadas con nombres de fechas. Demasiadas fechas. Muchísimas más de las que recordaba.

Y entonces empecé a preguntarme algo que me dejó helada: ¿desde cuándo estaba grabando cosas sin decirme? ¿Y por qué había tanto material que yo ni siquiera recordaba?

Cerré la computadora de inmediato porque me puse muy nerviosa.

Hasta ahora no le he dicho nada.

Una parte de mí quiere pensar que estoy exagerando y que existe una explicación lógica. Pero otra parte no deja de pensar en lo mismo desde ese día.

Por eso quisiera preguntarle a la especialista: ¿estoy exagerando por sentirme incómoda o es normal sentir que se rompió algo importante, aunque todavía no sepa toda la historia?

Y si quiero hablar con él, ¿cómo puedo hacerlo sin llegar acusándolo de algo que aún no entiendo?

El consentimiento no solo implica aceptar una grabación, sino también conocer cómo se almacenará y qué uso tendrá ese contenido./ Pixabay

Marilú te aconseja...

La primera sensación que me viene al leerte es que aquí no solo se rompió una expectativa, sino posiblemente una sensación de seguridad. Y no, no estás exagerando.

Cuando dentro de una relación sexual aparecen grabaciones, fotografías o cualquier tipo de material íntimo, el consentimiento no solo importa al momento de hacerlo; también es fundamental saber cuándo, cómo y cuánto se guarda. El hecho de que hayas encontrado fechas y material que no recuerdas claramente puede despertar miedo, confusión e incluso una sensación de invasión. Eso es una reacción completamente humana.

También creo que, antes de asumir el peor escenario, te permitas abrir la conversación desde la curiosidad y no desde la acusación. Muchas veces nuestra mente intenta llenar los vacíos de información con hipótesis dolorosas que aumentan la angustia. Hablar desde lo que sentiste suele abrir más espacio para el diálogo que iniciar desde un “me traicionaste” cuando todavía no conoces toda la historia.

Hay otro aspecto que me parece importante observar. Muchas parejas recurren a la novedad sexual como una forma de reconectar con la relación, y eso no tiene nada de malo por sí mismo. Sin embargo, una intimidad sana necesita construirse sobre tres elementos fundamentales: entusiasmo, acuerdo mutuo y seguridad emocional.

Cuando aparecen grabaciones, fotografías o contenido íntimo, el consentimiento implica mucho más que aceptar participar. También incluye conocer exactamente qué se está registrando, cuándo se realiza la grabación, dónde se almacena, quién tiene acceso a ese material y cuál será su uso en el futuro.

De hecho, en México existen implicaciones legales relevantes en torno a este tema. El Código Penal Federal contempla sanciones para quienes graben, fotografíen, almacenen, compartan o difundan contenido íntimo sexual sin el consentimiento de la persona involucrada. Por ello, independientemente de si existió una mala intención o no, es comprensible que esta situación haya tocado una sensación profunda de vulnerabilidad y confianza.

Lo que descubriste no necesariamente significa que ocurrió algo grave, pero sí parece indicar que hay información importante que desconoces y que necesitas aclarar para sentirte tranquila nuevamente.

Quizá la conversación que tengas con tu esposo no deba centrarse primero en los videos, sino en lo que experimentaste al encontrarlos. Hablar desde frases como: “Me sentí confundida”, “Me sentí insegura” o “Necesito entender qué estoy viendo” puede ayudarte a obtener respuestas sin convertir el diálogo en una confrontación desde el inicio.

Lo más importante ahora no es determinar quién tiene razón, sino descubrir si después de esa conversación podrás recuperar una sensación de confianza y seguridad dentro de la relación. Porque, al final, eso es lo que realmente parece estar en juego.

Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.

  • marilu@terapiaconsentido.com

  • Instagram: @marilu_psicoterapeuta

  • Tiktok: @marilupsicoterapeuta