Necesito pedirte un consejo porque ya no sé cómo decirle a mi esposo que no quiero tener intimidad todos los días sin que él piense que dejé de quererlo.

Tengo 34 años y llevo nueve años casada. Tenemos una relación estable, nos queremos y tenemos una vida que considero feliz. El problema comenzó hace aproximadamente un año.

Siempre hemos tenido una vida íntima activa. Nunca me quejé de eso porque también disfrutaba mucho estar con él. Había semanas en las que estábamos juntos varias veces y otras en las que ocurría con menos frecuencia. Para mí era completamente normal.

Pero desde hace algunos meses mi esposo comenzó a buscarme prácticamente todos los días. Al principio no me molestaba. Pensé que simplemente estábamos atravesando una etapa en la que los dos teníamos más deseo.

El problema es que para mí no funciona así. Hay días en los que estoy cansada, preocupada por el trabajo, tengo cosas pendientes o simplemente no tengo ganas. Y ahí comenzaron los problemas.

Cuando le digo que estoy cansada, me pregunta si ya no me atrae. Si le digo que prefiero dormir, piensa que estoy enojada con él. Si pasan varios días sin intimidad, comienza a preguntarme qué está ocurriendo.

Una noche incluso me dijo: “Antes nunca tenías que pensarlo tanto”. Me dolió muchísimo que lo dijera porque yo sí lo deseo. Simplemente no quiero hacerlo todos los días.

Desde entonces siento que cada vez que llega la noche tengo que prepararme para rechazarlo o aceptar aunque no tenga ganas. Y eso ha provocado algo que nunca imaginé: empecé a sentir ansiedad antes de irme a dormir. Me da miedo que vuelva a buscarme.

Lo peor es que cuando finalmente acepto, aunque no tenga demasiado deseo, después me siento todavía más confundida. No quiero que él sienta que estoy cumpliendo una obligación, pero tampoco quiero que piense que lo estoy rechazando como hombre.

Hace unas semanas intenté hablar seriamente con él. Le dije que mi deseo no había desaparecido, simplemente no era igual al suyo. Le expliqué que para mí la intimidad también necesita aparecer de manera espontánea y que no quiero sentir que tenemos que cumplir una cuota.

Él me respondió que para él el sexo es una forma muy importante de sentirse amado. Ahí entendí que quizá estamos hablando idiomas diferentes. Para él, tener intimidad frecuentemente significa cercanía. Para mí, sentirme cercana no siempre significa querer tener relaciones.

Desde esa conversación ha intentado controlarse, pero después de unos días vuelve a ocurrir lo mismo. Y yo estoy empezando a sentirme culpable.

También he empezado a compararme con otras mujeres. Pienso que quizá otras esposas sí tienen el mismo deseo que sus parejas y que el problema está en mí. Incluso llegué a preguntarle a una amiga si era normal que una mujer casada no quisiera tener intimidad todos los días.

Me dijo que mientras yo estuviera feliz con mi vida sexual, no debería preocuparme. Pero no estoy feliz. Porque ahora cada encuentro viene acompañado de una pregunta: “¿Cuándo volverá a pedírmelo?”. Y siento que esa presión está haciendo que mi deseo sea todavía menor.

Hay algo que me preocupa mucho. Tengo miedo de que, si continúo diciéndole que no, eventualmente busque a alguien más. Él nunca me ha sido infiel y nunca me ha dado motivos para pensar que lo haría, pero en mi cabeza aparece constantemente esa posibilidad.

Hace unos días incluso me dijo que no quería que nuestra relación se convirtiera en una donde uno siempre pide y el otro siempre rechaza. Me quedé pensando en eso toda la noche.

Yo tampoco quiero eso. Quiero volver a disfrutar de nuestra intimidad sin sentir que tengo que estar disponible todo el tiempo. Lo amo. Me atrae. No quiero dejar de tener una vida íntima con él.

Solo quiero que entienda que decir “hoy no” no significa “ya no te deseo”.

¿Es normal que una pareja tenga niveles de deseo tan diferentes? ¿Estoy siendo injusta con mi esposo al no querer tener intimidad todos los días? Y, sobre todo, ¿cómo puedo recuperar el deseo sin sentir que cada vez que mi esposo se acerca tengo una obligación que cumplir?

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Sí, es completamente esperable que en una pareja existan diferencias en el nivel de deseo. A esto podemos llamarle disritmia sexual: que uno tenga ganas con mayor frecuencia que el otro. No significa que alguien tenga demasiado deseo, que al otro le falte, ni necesariamente que exista un problema en la relación.

Para mí, el problema aquí no es que tu esposo quiera tener sexo todos los días ni que tú no quieras. El problema es que esa diferencia empezó a convertirse en presión, culpa y obligación.

Ya estás llegando a la noche anticipando que tendrás que rechazarlo o aceptar aunque no tengas ganas, e incluso comenzaste a sentir ansiedad antes de dormir.

Y ahí puede empezar un círculo: él busca sexo para sentirse amado, tú sientes presión, disminuye tu deseo, dices que no, él lo interpreta como rechazo y vuelve a buscar sexo para sentirse seguro. Mientras más presión sientes por desear, menos espacio queda para que aparezca el deseo.

Yo no empezaría intentando aumentar tu deseo. Empezaría quitándole al sexo la sensación de obligación y recuperando la posibilidad de acercarse, besarse, tocarse o tener intimidad sin que necesariamente tenga que terminar en una relación sexual.

Y te dejaría una pregunta: si supieras que puedes decir “hoy no” sin que tu esposo lo interprete como “ya no te amo” o “ya no te deseo”, ¿qué crees que pasaría con tu deseo?

Marilú Ávarez

Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. Cuenta con formación en Análisis Existencial y Logoterapia, EFT (Emotionally Focused Therapy), EMDR para reprocesamiento del trauma y Terapia Narrativa. Su enfoque terapéutico es humanista y existencial, centrado en acompañar a las personas en procesos de autoconocimiento, crecimiento personal y fortalecimiento de sus relaciones.

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Marilú Álvarez es sexóloga especializada en terapia individual y de pareja. / @marilu_psicoterapeuta