La industria alimentaria mexicana está de luto por la muerte de Vicente López Rodea, quien encabezó el Consejo de Grupo La Costeña y perteneció a la segunda generación de la familia que convirtió un pequeño negocio de chiles en conserva en una de las compañías mexicanas más reconocidas. Su fallecimiento fue dado a conocer este miércoles 16 de septiembre de 2026 por organismos empresariales, entre ellos la Cámara Nacional de la Industria de Conservas Alimenticias (Canainca), la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) y el Consejo Nacional Agropecuario.

López Rodea fue consejero, socio y fundador de la Canainca y estuvo ligado durante décadas al desarrollo de La Costeña, empresa que en 2023 alcanzó su primer centenario. Su historia, sin embargo, comenzó una generación antes, cuando su padre, Vicente López Resines, adquirió en 1923 una pequeña tienda de abarrotes llamada La Costeña y comenzó a comercializar chiles serranos y largos en vinagre.

La industria alimentaria mexicana está de luto por la muerte de Vicente López Rodea / Especial

¿Cómo nació La Costeña?

Para entender el legado que continuó Vicente López Rodea hay que regresar hasta 1923, cuando su padre comenzó el negocio que terminaría convirtiéndose en La Costeña. La historia oficial de la compañía señala que Vicente López Resines adquirió aquel año una tienda de abarrotes que llevaba precisamente ese nombre y que pronto comenzó a hacerse conocida por sus chiles en vinagre.

El crecimiento comenzó de manera prácticamente artesanal. López Resines preparaba y envasaba los productos mientras desarrollaba un negocio que poco a poco dejó de depender exclusivamente de la venta dentro del establecimiento. La filosofía del fundador terminaría permaneciendo como parte de la identidad de la empresa incluso décadas después.

“Somos un esfuerzo constante, de gente capacitada, productiva, especializada y comprometida en fabricar productos alimenticios sanos, de la más alta calidad y a un precio razonable”.

La expansión provocó que el pequeño establecimiento dejara de ser suficiente para atender la demanda. Entre 1937 y 1948, Vicente López Resines comenzó a fabricar sus propias latas y La Costeña abrió su primera planta de producción en la Ciudad de México, de acuerdo con la cronología oficial de la compañía.

El empresario encabezó el Consejo de Grupo La Costeña y perteneció a la segunda generación de la familia / Especial

De una pequeña operación a una fábrica en Ecatepec

La siguiente transformación llegó conforme los productos comenzaron a distribuirse a mayor escala. Entre 1951 y 1971, La Costeña consiguió llevar sus alimentos a todo México y abrió una nueva planta en Ecatepec, Estado de México, con una extensión de 40 hectáreas, instalación que se convertiría en uno de los centros fundamentales para sus operaciones.

La mecanización de los procesos permitió incrementar la producción y ampliar progresivamente el catálogo. Los chiles que habían dado origen al negocio dejaron de ser el único producto identificado con la marca y comenzaron a compartir los anaqueles con frijoles, salsas, vegetales, purés de tomate y otras conservas.

El crecimiento también significó una transformación tecnológica. La compañía sustituyó procesos antiguos de fabricación de envases, incorporó nuevas líneas de producción y desarrolló infraestructura capaz de responder a una distribución cada vez mayor, muy lejos de aquel negocio familiar que había comenzado en 1923.

López Rodea fue consejero, socio y fundador de la Canainca y estuvo ligado durante décadas al desarrollo de La Costeña / Especial

La Costeña llevó su producción fuera de la CDMX

Entre 1986 y 1991, la empresa inauguró otra planta en Guasave, Sinaloa, donde comenzó a desarrollar sus líneas de puré de tomate y vegetales. La expansión industrial permitió que la compañía incrementara su capacidad y diversificara aún más los alimentos disponibles bajo su marca.

Posteriormente llegó otra transformación en los envases. Entre 1997 y 2003, La Costeña implementó el sistema “abre fácil” e introdujo en Guasave el envasado aséptico Combibloc, que utiliza ultrapasteurización en envases de cartón para eliminar microorganismos.

El negocio ya no se parecía al establecimiento donde había comenzado décadas atrás. La combinación de producción industrial, innovación en los envases y una red de distribución cada vez mayor permitió que los productos de la compañía comenzaran a ganar presencia tanto dentro como fuera de México.

¿Cuál fue el papel de Vicente López Rodea en La Costeña?

Vicente López Rodea perteneció a la segunda generación del negocio familiar y llegó a encabezar el Consejo de Grupo La Costeña, dando continuidad al proyecto iniciado por su padre. Bajo esa etapa, la empresa siguió desarrollando plantas industriales, centros automatizados de distribución y una creciente presencia internacional.

Su influencia también trascendió a la propia compañía. López Rodea estuvo relacionado con la organización empresarial de la industria de alimentos procesados y fue consejero, socio y fundador de la Cámara Nacional de la Industria de Conservas Alimenticias, institución que lamentó públicamente su fallecimiento.

En 2023, año en que La Costeña cumplió su primer siglo de existencia, Vicente López Rodea aparecía entre los empresarios mexicanos reconocidos por su papel dentro de la industria. Para entonces, aquella empresa que había comenzado con chiles en vinagre ya contaba con una estructura industrial y comercial de alcance internacional.

López Rodea estuvo relacionado con la organización empresarial de la industria de alimentos procesados / Especial

La Costeña superó las fronteras de México

Uno de los mayores cambios del negocio familiar fue su internacionalización. Para 2013, los productos de La Costeña ya llegaban a más de 50 países, según la cronología corporativa de la propia compañía, un escenario difícil de imaginar cuando Vicente López Resines adquirió aquella tienda en 1923.

La infraestructura también siguió creciendo. Entre 2007 y 2008, la compañía puso en marcha un Centro Automatizado de Distribución, descrito por la empresa como uno de los más grandes de Latinoamérica por su capacidad, dimensiones y número de operaciones. Posteriormente entró en funcionamiento un segundo centro automatizado.

Así, la empresa construyó una operación que abarca producción, almacenamiento y distribución a gran escala, mientras mantuvo productos que forman parte de la alimentación cotidiana de millones de consumidores.

Más de 100 años de una empresa familiar mexicana

La muerte de Vicente López Rodea llega tres años después de que La Costeña celebrara su centenario. El empresario continuó el proyecto iniciado por su padre y formó parte de la generación que acompañó la transformación de la compañía hacia una operación industrial con presencia internacional.

El sector empresarial mexicano destacó precisamente esa aportación después de conocerse su fallecimiento. Concamin lo recordó por su participación en la industria de conservas, mientras que el Consejo Nacional Agropecuario resaltó el impacto de su liderazgo dentro del sector agroalimentario del país.

La historia de La Costeña resume el legado familiar: un negocio que nació en 1923 con la venta de chiles en vinagre terminó convertido, más de un siglo después, en una compañía mexicana con producción industrial y presencia fuera del país. Vicente López Resines inició el camino y Vicente López Rodea perteneció a la generación encargada de continuarlo y expandirlo.