Nunca es demasiado tarde para ponerse un vestido de gala, bailar el vals y vivir aquella fiesta que quedó pendiente durante décadas. Cerca de 500 adultas mayores de Iztapalapa cumplieron el sueño de celebrar sus XV años, aunque para muchas de ellas la oportunidad llegó varios años después de haber cumplido aquella edad que tradicionalmente se festeja en México con una enorme celebración.
Por unas horas, la explanada del Jardín Cuitláhuac, en Iztapalapa, se transformó en un enorme salón de fiestas donde los vestidos de diferentes colores, la música y las familias fueron protagonistas. Las festejadas no eran adolescentes, sino mujeres que simbólicamente regresaron a los 15 años para disfrutar de una celebración que, por diferentes circunstancias de la vida, muchas no pudieron tener durante su juventud.
El evento, denominado Quinceañeras de Oro, reunió a cerca de 500 mujeres adultas mayores, quienes tuvieron la oportunidad de experimentar buena parte de los rituales que acompañan a una tradicional fiesta de XV años: maquillaje, peinado, vestidos de gala, chambelanes, música, fotografías y, por supuesto, el esperado vals.
Abuelitas se convierten en quinceañeras por un día
La preparación comenzó desde temprano. Antes de llegar a la pista, las festejadas atravesaron uno de los momentos que también forman parte de cualquier celebración de XV años: elegir los últimos detalles del vestido, arreglarse el cabello y maquillarse especialmente para la ocasión.
El movimiento detrás de la celebración permitió que muchas de ellas recordaran aquellas grandes fiestas familiares en salones, donde el olor a laca, los vestidos elegantes y la música anunciaban desde temprano que se acercaba un momento especial. Esta vez, sin embargo, ellas serían las protagonistas de la celebración.
Los vestidos llenaron de color el Jardín Cuitláhuac. Hubo diseños en rojo pasión, azul rey, rosa pastel y diferentes tonalidades, mientras las festejadas caminaban por la explanada acompañadas de sus seres queridos y se preparaban para uno de los instantes que más habían esperado.
Para muchas, no se trataba únicamente de ponerse un vestido elegante. La celebración representaba la posibilidad de recuperar simbólicamente un momento de juventud que nunca pudieron experimentar, después de años dedicados al trabajo, la crianza de sus hijos y el cuidado de sus familias.
Quinceañeras de Oro tuvieron hasta chambelanes
Y como en cualquier fiesta tradicional de XV años, no podían faltar los chambelanes. A la celebración se incorporaron 60 hombres adultos mayores, quienes acompañaron a las festejadas durante el tradicional vals.
La escena reunió diferentes generaciones en la misma pista. Mientras algunas mujeres bailaron acompañadas por los chambelanes, también hubo cambios de pareja que provocaron momentos especialmente emotivos entre las familias.
Madres e hijos intercambiaron los papeles que habían mantenido durante décadas. Aquellas mujeres que alguna vez enseñaron a caminar y vieron crecer a sus pequeños ahora se dejaron guiar por ellos durante el baile, mientras esposos, hijos y nietos observaban y posteriormente también se incorporaban a la celebración.
La pista terminó convirtiéndose en una reunión familiar en la que las protagonistas pudieron olvidarse por unas horas de la rutina y disfrutar de la música rodeadas de las personas que han acompañado buena parte de sus vidas.
Ni la lluvia detuvo la fiesta de las abuelitas
El clima intentó convertirse en un invitado incómodo. Una fuerte lluvia cayó durante la tarde, pero ni siquiera las condiciones meteorológicas consiguieron terminar con el festejo de las Quinceañeras de Oro.
La música continuó con la participación de Descarga Tropical, mientras las festejadas conservaron el ánimo y siguieron disfrutando de una jornada preparada especialmente para ellas. Sus vestidos de gala, peinados y arreglos se mantuvieron como protagonistas durante prácticamente todo el día.
Con el paso de las canciones, hijos, esposos y nietos terminaron sumándose a la pista, acompañando a mujeres que durante buena parte de sus vidas priorizaron responsabilidades familiares y laborales y que ahora tenían una celebración dedicada completamente a ellas.
La fiesta también sirvió para recordar que alcanzar una edad avanzada no significa abandonar las ganas de bailar, arreglarse, celebrar o incluso cumplir aquellos sueños que quedaron pendientes durante la juventud.
Aleida Alavez fue madrina de las Quinceañeras de Oro
La alcaldesa de Iztapalapa, Aleida Alavez, participó en la celebración como madrina de las Quinceañeras de Oro y acompañó a las adultas mayores durante una jornada que también funcionó como reconocimiento a su trayectoria y aportación dentro de sus familias y comunidades.
La edición de este año adquirió además una dimensión especial al realizarse en el contexto del Día Nacional de las Personas Adultas Mayores, convirtiendo la tradicional fiesta de XV años en una forma diferente de reconocer a este sector de la población.
La convocatoria también registró un importante crecimiento. Mientras que en la celebración anterior participaron alrededor de 250 personas, en esta ocasión la cifra llegó a cerca de 500 mujeres, prácticamente el doble, convirtiéndose en la edición más grande realizada hasta ahora por la alcaldía.
Una fiesta de XV años que esperó décadas
Para algunas de las participantes, tener una celebración de este tipo durante su adolescencia simplemente no fue posible. Las condiciones económicas, familiares o personales hicieron que aquel momento quedara pendiente mientras llegaban otras etapas de sus vidas.
Después vinieron el trabajo, los hijos, las responsabilidades y, con el paso de los años, los nietos. Sin embargo, la fiesta demostró que cumplir un sueño no necesariamente tiene fecha de caducidad.
Esta vez fueron ellas quienes ocuparon el centro de la pista, quienes vistieron los colores que eligieron para la ocasión y quienes esperaron el momento en que comenzara a sonar la música para bailar su vals.
Por unas horas, las edades quedaron en segundo plano. Entre vestidos de gala, 60 chambelanes, música, familias y cerca de 500 festejadas, el Jardín Cuitláhuac se convirtió en el escenario para que estas mujeres regresaran simbólicamente a los 15 años y finalmente disfrutaran de la fiesta que algunas habían esperado durante toda una vida.

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