El pan de dulce mexicano dio un paso histórico rumbo al reconocimiento de su importancia cultural, gastronómica y social. El pasado 7 de agosto de 2026 fue aprobada por unanimidad la solicitud para continuar con el proceso de la Declaratoria del Pan de Dulce Mexicano como Patrimonio Inmaterial de la Ciudad de México, iniciativa que busca proteger los conocimientos, técnicas, recetas y tradiciones que durante generaciones han permanecido en las panaderías y hogares del país.
La decisión fue tomada por la Comisión Interinstitucional del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México, conformada por representaciones de la Jefatura de Gobierno, nueve dependencias capitalinas y las 16 alcaldías. En el proceso también participaron integrantes del Consejo Social Consultivo del Patrimonio, representantes del Gobierno de México y de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora, Pastelera y Similares de México (CANAINPPA).
El avance de la solicitud es resultado de un trabajo de investigación, documentación e integración de información encaminado a demostrar que detrás de cada concha, oreja, cuernito y las numerosas variedades regionales existe una tradición que va mucho más allá de llevar algo dulce a la mesa: representa una parte de la memoria colectiva y de la identidad gastronómica mexicana.
¿Qué cambia para el pan dulce mexicano con este reconocimiento?
La declaratoria no se limita a colocar una distinción sobre productos específicos. Su importancia está en reconocer el conjunto de recetas, procesos de preparación, conocimientos artesanales y prácticas sociales que existen detrás de cada pieza. También pone en valor a las panaderías como espacios donde estos saberes se aprenden, se comparten y continúan pasando de una generación a otra.
La dimensión de esta tradición quedó reflejada en el trabajo realizado para sustentar la propuesta. Durante el proceso se identificaron más de 2 mil 400 variedades de pan dulce mexicano, aunque el número puede cambiar dependiendo de los criterios utilizados para clasificarlas. A las piezas conocidas en gran parte del país se suman especialidades regionales como las semitas de Puebla, el pan de yema de Oaxaca, las coyotas de Sonora y los ladrillos de Aguascalientes.
La declaratoria deberá publicarse en septiembre
El reconocimiento todavía debe completar un paso administrativo. Está previsto que la declaratoria sea publicada en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México durante septiembre de 2026. Con esa formalización podrán impulsarse acciones dirigidas a documentar, difundir y conservar las prácticas asociadas con la panadería tradicional.
La historia detrás de esta variedad comenzó a tomar forma desde el periodo virreinal, cuando la llegada del trigo y las técnicas europeas de panificación se encontró con ingredientes y costumbres desarrollados en territorio mexicano. Con el paso de las generaciones, cada región incorporó sabores, diseños y métodos propios, dando origen a piezas que actualmente forman parte de desayunos, meriendas, festividades y reuniones familiares.
Entre quienes han impulsado la iniciativa se encuentran Julián Castañón Fernández, presidente de CANAINPPA, y Mónica León, responsable del proyecto por parte de la Cámara. También se destacó la colaboración de Grissel Huerta, Ángel Castañón, investigadores, historiadores, especialistas y representantes de la industria panificadora, quienes participaron en la construcción del expediente.
El reconocimiento capitalino tampoco debe confundirse con una declaratoria de la UNESCO. Por ahora, el pan dulce mexicano no cuenta con la distinción de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El sector panificador busca avanzar por una ruta independiente para promover una eventual candidatura internacional, proceso que requiere procedimientos distintos a los realizados ante las autoridades de la Ciudad de México.
CDMX tendrá el Primer Festival del Pan de Dulce Mexicano
El avance de la declaratoria llegará acompañado de una celebración especial. Del 11 al 13 de septiembre de 2026, el Monumento a la Revolución será sede del Primer Festival del Pan de Dulce Mexicano, un encuentro que buscará mostrar al público la diversidad y riqueza de la panadería tradicional.
El festival servirá como escaparate para una tradición que permanece presente en la vida diaria de millones de personas. Desde las piezas que acompañan el café por la mañana hasta los panes vinculados con determinadas épocas y celebraciones, la panadería se ha convertido en parte inseparable de las costumbres mexicanas.
El proceso para obtener la declaratoria representa, por ello, un reconocimiento no solamente a los productos que llegan a las mesas, sino a generaciones enteras de panaderos que han preservado este oficio. La Ciudad de México abre así una nueva etapa para documentar, promover y proteger una tradición cuyos aromas, sabores y recetas forman parte de la historia gastronómica del país.

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