Las imágenes de violencia, enfrentamientos y daños al mobiliario urbano registradas en el Ángel de la Independencia tras la victoria de México en la Copa Mundial 2026 han generado una nueva discusión sobre el papel que juega el alcohol en las celebraciones masivas. Para organizaciones civiles, especialistas en salud pública y colectivos enfocados en la prevención de adicciones, los hechos ocurridos durante los festejos no pueden considerarse simples excesos de aficionados, sino la consecuencia de un problema estructural que México ha dejado pendiente durante años.

Las escenas difundidas en redes sociales y medios de comunicación mostraron peleas entre aficionados, agresiones contra mujeres, actos vandálicos y daños a espacios públicos en una de las zonas más emblemáticas de la Ciudad de México. Ante ello, agrupaciones como El Poder del Consumidor, la Red de Acción Sobre Alcohol (RASA) y especialistas en salud mental sostienen que estos episodios son una muestra de las consecuencias derivadas de la normalización del consumo de alcohol en eventos deportivos.

La discusión ha cobrado fuerza luego de que incluso autoridades capitalinas han prohibido la venta de bebidas para futuros encuentros mundialistas, ante la preocupación por los riesgos asociados al consumo excesivo durante concentraciones multitudinarias.

Organizaciones coinciden que al abuso de las bebidas alcohólicas producen el mal comportamiento de le gente / Especial

El alcohol modifica el comportamiento y aumenta la agresividad

De acuerdo con la doctora Verónica Lozano, directora del Centro Especializado en Prevención y Rehabilitación a las Adicciones (CEPRA) del Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones (Imsama), existe una relación directa entre la intoxicación alcohólica y la disminución de la capacidad para controlar impulsos.

“La intoxicación alcohólica no sólo afecta las capacidades físicas y cognitivas de las personas, sino que también modifica de manera importante los mecanismos cerebrales encargados de la regulación emocional, el juicio crítico y el control de los impulsos. El alcohol también altera la actividad de las estructuras involucradas en el procesamiento de las emociones, como el miedo, la ira y la agresividad. Como consecuencia de esto, los individuos intoxicados pueden presentar una menor capacidad para suprimir respuestas impulsivas y una mayor probabilidad de reaccionar de manera desproporcionada o agresiva ante situaciones de frustración, provocación o conflicto”.

Especialistas explican que las emociones intensas que genera un evento deportivo, combinadas con grandes cantidades de alcohol, pueden potenciar conductas violentas, impulsivas o riesgosas. Esta combinación, señalan diversos estudios internacionales, incrementa la probabilidad de agresiones en espacios públicos, accidentes y conflictos dentro de los hogares.

Al no llevar a cabo las políticas públicas de salud, las personas beben más, dicen especialistas / Especial

El futbol y el alcohol: una mezcla de alto riesgo

Diversas investigaciones han documentado que durante eventos deportivos de gran relevancia suelen registrarse incrementos en episodios de violencia, tanto dentro como fuera de los estadios. Organizaciones dedicadas a la salud pública advierten que el problema no radica en el deporte en sí mismo, sino en la fuerte asociación cultural y comercial que durante décadas se ha construido entre el futbol y el consumo de bebidas alcohólicas.

Para Alonso Robledo, vocero de la Red de Acción Sobre Alcohol (RASA), los hechos registrados durante los festejos mundialistas reflejan la falta de acciones preventivas efectivas.

“Por qué las autoridades siguen negándose a implementar las medidas que han demostrado funcionar. Vemos con preocupación cómo, una vez más, las autoridades reaccionan cuando la violencia y los daños ya ocurrieron. Una ‘ley seca’ temporal no resuelve el problema de fondo. Mientras el alcohol siga siendo barato, fácilmente accesible y promovido de manera masiva, las consecuencias seguirán repitiéndose. Por ello, exigimos una reforma integral a la regulación del alcohol en México. Es inaceptable que, pese a los costos humanos, sociales y económicos que genera, el marco regulatorio permanezca prácticamente sin cambios desde 2015”.

Especialistas ven mal el asociar el deporte con las marcas de alcohol / Especial

Las medidas que recomienda la OMS

Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han insistido durante años en la necesidad de fortalecer las políticas públicas relacionadas con el alcohol.

Entre las acciones que consideran más efectivas destacan el incremento de impuestos a las bebidas alcohólicas, restricciones a la publicidad, limitaciones al patrocinio deportivo y mayores controles sobre horarios, puntos de venta y disponibilidad.

La OCDE ha señalado que estas medidas no sólo ayudan a reducir los problemas de salud asociados al consumo excesivo, sino que también disminuyen la violencia, los accidentes y otros costos sociales relacionados con el alcohol.

Sin embargo, organizaciones civiles sostienen que México continúa sin una estrategia nacional integral en esta materia, pese a los impactos económicos y sanitarios que provoca el consumo problemático.

Piden a los aficionados un consumo responsable ante los festejos deportivos / Especial

Cuestionan campañas de “consumo responsable”

Uno de los puntos que más preocupa a especialistas es la permanencia de campañas promovidas por la propia industria alcoholera bajo conceptos como “consumo responsable” o “consumo inteligente”.

De acuerdo con los expertos, este tipo de mensajes han demostrado ser insuficientes para disminuir los daños asociados al alcohol y, en algunos casos, funcionan más como herramientas de imagen corporativa que como mecanismos efectivos de prevención. Por ello, insisten en que las políticas públicas deben centrarse en medidas regulatorias respaldadas por evidencia científica y no únicamente en campañas de concientización.

Jóvenes piden revisar el modelo actual

Las nuevas generaciones también se han sumado al debate. Brenda Collazo, integrante de la Red Voces Jóvenes por el Derecho a la Salud, cuestionó la forma en que el alcohol forma parte de la narrativa comercial que rodea a los grandes eventos deportivos.

“México celebra el Mundial como anfitrión por tercera vez, y la industria alcoholera ha estado presente en cada rincón de esa narrativa festiva, desde los patrocinios hasta la publicidad que equipara la victoria con el brindis. Culpar al hincha sin cuestionar el entorno comercial, normativo y cultural que lo rodea no es un análisis: es una coartada. La pregunta que las autoridades deberían estar respondiendo hoy no es cómo contener la próxima celebración, sino por qué seguimos diseñando eventos masivos como si el alcohol fuera un ingrediente básico de la fiesta colectiva”.

Por su parte, Martín Fuentes, también integrante de Voces Jóvenes por el Derecho a la Salud MX, aclaró que el debate no busca prohibir el consumo de bebidas alcohólicas, sino reducir los riesgos asociados.

“No se trata de estar en contra del consumo de alcohol ni de prohibir que las personas disfruten de una bebida durante una celebración. El verdadero problema surge cuando su consumo excesivo se normaliza y termina afectando la seguridad, la salud y la convivencia social. Por ello, es necesario impulsar una regulación más efectiva que permita reducir sus daños y fomentar entornos más seguros, sin ignorar la responsabilidad que también existe en su consumo”.

Una llamada de atención tras los festejos mundialistas

Las organizaciones consideran que los disturbios registrados tras la victoria de México son una señal de alerta para las autoridades, especialmente cuando el país vive una de las mayores celebraciones deportivas de su historia como sede del Mundial 2026.

Los especialistas coinciden en que la violencia, los daños al espacio público y las afectaciones a terceros no son consecuencias inevitables de la pasión futbolera. Por el contrario, sostienen que se trata de problemas prevenibles mediante políticas públicas basadas en evidencia científica.

Mientras miles de aficionados celebraban el triunfo del Tricolor en las calles de la Ciudad de México, las imágenes de peleas, destrozos y agresiones dejaron abierta una pregunta que ahora comienza a tomar fuerza en el debate público: si el problema realmente es la pasión por el futbol o la falta de regulación sobre uno de los principales factores asociados a la violencia en celebraciones masivas, el consumo excesivo de alcohol.